UN ESPAÑOL EN LA POLONIA DEL XVII.

28.01.2024 13:24

               

                La literatura picaresca española ofrece un cuadro vivaz de la España y de sus gentes de los siglos XVI y XVII. Pícaros como Estebanillo González, figura de una obra de autor todavía no bien dilucidado, viajaron por una buena parte de la Europa de la guerra de los Treinta Años. Aquí se recogen algunas de sus impresiones de su segundo viaje a Polonia, aliada de los Habsburgo, hacia el 1643. Su fondo de veracidad es ciertamente interesante:

                “Después de haber corrido muchas postas y pasado malos días y peores noches por ir siempre zangoloteándoseme cuajar y tripas, por ir el uno lleno de comida, y las otras de los mejores vinos que hallaba, sin guardar la disciplina de los correos, llegué a Polonia, y di mis pliegos y regalos a Su Majestad Real, siendo embajador sin título y grande sin señorío. Tratóme, al fin, como reina, porque siempre he hallado más afabilidad y llaneza en emperadores y reyes que no en ciertos engolletados que se bautizaron en su aldea, y se confirmaron y añadieron un don en el anchuroso dominio de Neptuno, y se endiosaron en el primer oficio que llegaron a ejercer. Todos los señores polacos, por respeto, me cagaban de dádivas y me henchían de vino y me trataban de señoría, con lo cual me hallaba más hueco que un regidor de aldea. Ayudóme bravamente el saber la lengua latina, porque de otro modo hubiera sido imposible entender una palabra, por la gran oscuridad de su lenguaje y porque ellos no saben de la nuestra sino el dar señoría a uso de Italia, por haber en aquellos países mercadantes italianos.

                “Partieron Sus Majestades a su gran ducado de Lituania, adonde por antiguos fueros tienen obligación de asistir, en él un año, y dos en Polonia. Es este Estado un país friísimo y de muchos y muy grandes y espesos bosques, particularmente uno llamado Viala-Vexe, en el cual Su Majestad mató en sólo un día seis toros salvajes, tan feroces, que daba horror el mirarlos, y tan barbados, que cada uno dellos podía prestar barbas a media docena de capones. En cualquiera parte que Sus Majestades hacían noche, el señor de aquel distrito les alojaba y banqueteaba al uso polaco, con tal grandeza, que a mí me causaba admiración y me parecía cosa imposible que hubiese tierra que produciese tantos regalos ni señores que tan generosamente diesen muestras de su poder y voluntad.

                (…)

                “Contemplándome tan poderoso y en tan alto estado, me despedí de Sus Majestades y de todos los señores y títulos de su corte, y poniéndome en camino, salí de Lituania, y atravesando todo el reino de Rusia y pasado el de Moscovia, llegué a una ciudad del reino de Polonia, llamada Cracovia, que es adonde se coronan los reyes de aquel reino y adonde hay un gran comercio de mercancías y muchos mercadantes italianos, siendo todo su tráfico y trato el de la seda.”

                Anónimo, La vida de Estebanillo González, Madrid, 1968, pp. 193-195.

                Selección de Víctor Manuel Galán Tendero.

                A las amistades de Cracovia y del resto de Polonia.