PRIMARY COLORS: EL PLACER DE VER A TRAVOLTA DE CLINTON, PERO NO DE RAJOY.

16.11.2014 19:51

 

                El cine político estadounidense es algo más que Séptimo Arte. Es un ejemplo de reflexión ciudadana.

                En muy pocos países se disecciona la política nacional con tanta determinación. Las críticas se extienden a políticos en activo, que todo el mundo reconoce sin ninguna dificultad por mucho que le hayan cambiado su nombre y apellidos.

                Muchos pueden hablar de las lacras de la democracia de la República imperial gracias a películas como Primary colors (1998), una desenfadada cinta que tiene que tomarse muy en serio.

                                                            

                Aquí el camaleónico John Travolta interpreta a otro personaje de luces y sombras, el gobernador Clinton aspirante a la presidencia por los demócratas. Acompañado de su estirada esposa (una Hillary que corre a cargo de Emma Thompson), este hombre de aspecto bobalicón y carácter oportunista se enfrenta a toda clase de acusaciones personales en una campaña de escasa honestidad. Sus asesores, entre ellos un profesor afroamericano que no deja de sorprenderse, y una investigadora lesbiana que se conduce como John Wayne lo protegerán de los asaltos.

                A diferencia de lo que acontece por estos páramos carpetovetónicos, en Estados Unidos el gran elector no decide el candidato a la presidencia por uno de los grandes partidos. No hay cuaderno azul y contención de la respiración. No hay cuchillo cachicuerno contra Borrell. Entre aquellos con algún cargo entre los demócratas o los republicanos se entabla una competición bastante reñida a ojos de la opinión pública. Los simpatizantes de uno de los dos partidos pueden votar por Estados a su candidato predilecto. Son las famosas primarias.

                Tanta democracia no se acompaña del debate sereno entre afines para aportar las mejores soluciones a la nación. La imagen del honrado cabeza de familia se agarra como si de un garrote se tratara para golpear en la cresta al adversario por muy del partido que sea. Se le sacan los colores (y los hígados) recordándole sus hazañas de cama o adictivas. Aquí la hipocresía no rinde tributo a la virtud, sino que ésta se avasalla a aquélla.

                En semejante ambiente el profe afroamericano (avance de Obama antes de su advenimiento) y su lésbica amiga buscan la verdad a sus dudas sobre sus amigos y el sistema en Miami, en un digno homenaje a Cowboys de medianoche, donde los pobres diablos acreditan la muerte del Sueño americano en su escena final.

                Las males artes impiden la verdadera democracia, pero los creadores estadounidenses no la dan por perdida con grandes dosis de sentido del humor. Al fin y al cabo el gran Lincoln tuvo que hacerse el tonto para poder llegar a salvar a los Estados Unidos. Tras pagar tributo a la endeble naturaleza humana, la democracia norteamericana se libra de la quema. Inteligente manera de ensalzar criticando, como ya viera el maestro don Alfonso Sánchez.

                Evidentemente aquí no tenemos semejante virtud, aunque tenemos no pocos de los defectos. Aquí no se presencian revelaciones en las primarias, pero los cuchillos van que vuelan entre los compañeros de partido o facción. Al justiciero Monago le han recordado los viajes en pos de una bella colombiana a las Afortunadas tras clamar contra los madriles de Granados.

                Materia no nos falta precisamente en estos tiempos púnicos, pero hoy por hoy carecemos de un auténtico cine político. Y eso que capacidad satírica tenemos de sobra desde que el mundo es mundo. Las subvenciones, los tratos de favor y los monopolios televisivos nos han reducido al hormiguero.

                A la espera que un Boadella dirija un Primary colors cañí, sugerimos varios temas. El de la diligencia de los Pujol que entraban sacas de dinero a Andorra, el de agarra el dinero y corre de los socialistas andaluces o el de tira a mamá del tren de Rajoy, sus congresos y traiciones. Mientras tanto disfrutaremos con John Travolta y su tropa en este Pulp fiction político que es Primary colors.

                Gabriel Peris Fernández.

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