PEDRO EL CEREMONIOSO CONQUISTA LOS CONDADOS DEL ROSELLÓN Y CERDAÑA.

10.08.2019 10:27

                El reino de Mallorca se extendió no solo por las Baleares, sino también por los condados del Rosellón y la Cerdaña, además del enclave de Montpellier. De tan complejo conjunto se hizo cargo Jaime III desde que fuera proclamado mayor de edad en 1335. Sus relaciones con la Corona de Aragón, pese a los estrechos lazos familiares, eran malas, pues deseaba liberarse de su tutela política. Asimismo, su cuñado Pedro IV aspiraba a reintegrar el reino de Mallorca a los dominios aragoneses. Incoó al efecto un complejo proceso diplomático y legal que terminó en la ruptura de hostilidades.

                Al hermano de Pedro IV de Aragón, el infante don Jaime, conde de Urgel, se le encomendó en mayo de 1343 custodiar las fronteras del Ampurdán, Besalú y Camprodón con la asistencia de don Lope de Luna. Disponía de una fuerza de unos 500 caballeros, pero las intenciones de Pedro IV no eran precisamente defensivas, de dejar pasar la ocasión.

                Se destacó al ciudadano barcelonés En Bertrellans para que informara acerca de la disposición de las fuerzas enemigas en el litoral de los condados, antes de zarpar la flota desde la desembocadura del Llobregat. Se proveyó a los almogávares de animales. En todo momento se quiso saber dónde se encontraba el rey de Mallorca.

                Mientras se acometía con relativa facilidad la conquista de la isla de Mallorca, la campaña de los condados se preveía más complicada. A diferencia de los ciudadanos mallorquines, por motivos comerciales, los prohombres de los condados eran mucho menos proclives a la reintegración. El 15 de julio de 1343 Pedro IV se dio cita en Gerona con aquellas fuerzas fronterizas y aguardó durante unos seis días a las huestes de sus ciudades y villas de Cataluña. Reunidas todas sus fuerzas, pasaron con buen orden el Coll de Panissars formando una columna. En la vanguardia se situaron las huestes de Manresa y Piera, seguidas del grueso de las huestes catalanas. El rey y las fuerzas de don Lope se posicionaron en el centro, seguidas de las tropas de Gerona, Besalú y Figueras. Protegía la retaguardia don Pedro de Jérica.

                El 2 de agosto atacaban Santa María de la Mar, la fortaleza emplazada entre el Mediterráneo y Canet. De caer esta posición, Perpiñán podía ser acometida con mayor facilidad desde el Este. Los de Pedro IV dispusieron su campamento y los hombres de armas de Perpiñán libraron torneos con ellos. Tan caballerescos lances no evitaron que aquéllos talaran sus campos, con la excepción de las higueras.

                El asedio se prolongaba y el 21 de agosto muchos soldados de las compañías municipales marchaban sin licencia, pues su periodo de servicio era limitado, comprendiendo su desplazamiento. Entonces el rey pidió ayuda particular a Barcelona, Valencia, Teruel, Daroca, Calatayud y Zaragoza. Los valencianos, por ejemplo, aportaron máquinas de asedio para batir las defensas. Como capitán del asedio de Canet quedó el caballero hospitalario fray Guillem de Guimerá.

                El grueso de las operaciones se retomó al año siguiente. Pedro IV aguardó del 7 al 14 de mayo de 1344 a los almogávares valencianos y a otras compañías. El veguer de Gerona movilizó a las fuerzas de su demarcación y Barcelona y Valencia aportaron material de asedio. Llegados a Cotlliure, atacaron Argelés con la vista puesta en Perpiñán. Tras no pocas discrepancias entre su capitán y los ciudadanos de Perpiñán, la plaza se rindió el 25 de junio.

                En vista de ello, un golpeado Jaime III de Mallorca decidió rendir la misma Perpiñán el 16 de julio. Los condados parecían dominados por Pedro IV, pero todavía en noviembre de 1344 el de Mallorca y sus seguidores tomaron fugazmente Puigcerdá, teniendo que invocarse en Cataluña la disposición final del Princeps namque para vencerlos. Al año siguiente, el de Aragón consolidó su autoridad sobre el territorio. La conquista de los condados distó de ser un paseo militar.

                Fuentes.

                Pedro el Ceremonioso, Crònica, Barcelona, 1982.

                Víctor Manuel Galán Tendero.

 

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