¿MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO? LA CATEDRAL DE CUENCA EN SUS DOCUMENTOS.

10.02.2015 23:00

                

                Libros de actas capitulares de la catedral de Cuenca. III. (1434-1453) es la tercera entrega, publicada en Cuenca en el 2012, de una serie de gran interés emprendida por Francisco Antonio Chacón, María Teresa Carrasco y Manuel Joaquín Salamanca, que nos ofrecen unas cumplidas regestas de los documentos del capítulo catedralicio conquense.

                La historia de la Iglesia es de un enorme interés por sí misma y por su inserción en una comunidad histórica más amplia. La generalización siempre es válida a la hora de trazar un esquema aclaratorio que nos permita avanzar en la investigación, haciéndonos una idea de trabajo, pero se requiere del matiz más fino, más preciso, que nos brinda el análisis del caso concreto.

                A nuestro juicio tan válido es tomar como punto de apoyo el capítulo de la catedral de Cuenca como el de Colonia. La ecuménica Cristiandad atesoraba muchos matices regionales, pero también similitudes enormes.

                A finales del reinado de Juan II de Castilla el Cisma de Occidente ya había concluido, si bien la herencia de la monarquía pontificia de Aviñón era irreversible en materia organizativa y tributaria. Los capitulares de la catedral de Cuenca, ataviados con calzados coloristas y gallardos ropajes, eran tan mundanos como los cardenales que frecuentaron las orillas del Ródano. Supieron blandir las armas como el que más y participaron con pasión en las luchas políticas de tiempos del desdichado Juan II.

                Sus documentos no dejan de mencionar misas y deberes sacramentales, aunque más en un plano retributivo que espiritual. A la catedral se acogieron varones de linajes destacados del mundo local castellano, poco acostumbrados a las mortificaciones generalmente. Las rentas y la inquietud por ellas eran esenciales.

                Se consiguieron fondos no sólo de los diezmos, sino también de los censos. Los molinos y a veces las dehesas tuvieron un papel incuestionable, como si del patrimonio de un concejo se tratara. Aquí se comprueba como la historia eclesiástica es inseparable de la económica y social más general. A través de los litigios de la catedral de Cuenca transitan los artesanos de la lana locales o los orfebres valencianos. Vemos como algunos molinos harineros se convirtieron en aserraderos y como los batanes ganaron valía. La Cuenca de tiempos de Juan II era una localidad prometedora, no predestinada precisamente a la somnolencia.

                La lectura de estos resúmenes de fuentes es muy necesaria para romper tópicos, para que los lectores aprecien el valor de una historia más auténtica. A los investigadores les regala un caudal enorme de datos para avanzar en sus pesquisas, perfilando mejor ciertas personalidades, detallando mejor algunos procesos administrativos y tributarios de no escasa complejidad. A los estudiosos locales, orfebres de la historia, les proporciona detalles como la prestamera de Utiel. Todo un regalo, en conclusión, este tercer volumen de los Libros de actas capitulares.

                Víctor Manuel Galán Tendero.

            

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