MÁS ALLÁ DE LOS CUENTOS CHINOS. Por Pedro Montoya García.

13.02.2017 09:02

                           

    Puedo hablar por experiencia propia, algo de más de dos años de trabajo continuado  en China y numerosos viajes me han permitido conocer de primera mano aquella cultura. En uno de los primeros viajes experimenté una de las muchas contradicciones de aquella cultura. Con cientos de miles de personas, y digo literalmente cientos de miles, pasé algo más de dos horas en la cola hasta que pude entrar a la pirámide donde se guardaba la momia de Mao Tse-tung, que apenas pude contemplar de forma tétrica durante unos veloces segundos.  Detrás de mí quedaban otros cientos de miles de ciudadanos para entrar. La sorpresa era evidente a pesar de la falta de libertad y de los gravísimos errores que cometió: era un líder muy querido. Según cálculos que ya no son discutidos, desde que el 1 de Octubre de 1949 fuese establecida la República Popular China con Mao como líder supremo, unos cincuenta millones de chinos murieron debido a las diferentes hambrunas.

    La gran mayoría de ciudadanos chinos con los que me podía comunicar en inglés preferían el nuevo comunismo: un capitalismo donde impera la ley de la selva, donde desde primera hora de la mañana, los leones corren para hacerse cada vez más ricos y las gacelas corren para poder comer y no ser comidos. Son mil cuatrocientos millones, con un trasvase masivo de población agrícola a las ciudades, la competencia para trabajar en las grandes capitales es feroz. Con una oferta disparada, ese exceso se compensa con muchas horas de trabajo y salarios bajos.

    A menos que seas un profesional cualificado o un afortunado funcionario, la jornada laboral de la mayoría de los trabajadores supera con facilidad las ocho horas, y la semana laboral se compone de seis días o siete días. Muy pocos afortunados descansan un par de días a la semana. No existe el fin de semana cristiano. Puedes ir perfectamente a un banco un sábado por la tarde o un domingo a las diez de la mañana a correos. Los centros comerciales, supermercados y todo aquel negocio orientado al sector servicios abren, salvo muy pocas excepciones, todos los días. Frente  a la casa donde viví, un negocio familiar de paquetería nunca, en los dos años y medio, lo encontré cerrado y siempre, a base de turnos,  se encontraba alguien de la familia con otros empleados. Las tiendas de mi calle sin excepción abrían sobre las seis de la mañana y cerraban sobre las doce de la noche, todos los días. En algunas de ellas, los propietarios vivían en las mismas tiendas por no poder desplazarse hasta su casa, las distancias son enormes en ciudades de más de nueve millones de habitantes. En los edificios en construcción, una vez levantaban varios pisos, los obreros se quedaban a dormir en las plantas bajas para poder trabajar más horas… Como resumen suelo decir medio en broma, pero podría decirse en serio absoluto: “Los ciudadanos chinos que emigran a España son aquellos que no quieren trabajar mucho”.

    Guardan cariño al líder que les liberó de la esclavitud medieval a la que estaban sometidos durante miles de años, de  los “salvajes” japoneses mataron mucho en China, y de la presión de potencias occidentales por perpetuar una forma de gobierno. Todo eso, a pesar de las enormes pobrezas que sufrieron en el pasado y al legado de enormes dificultades dejado en el presente.

    Y hablando de líderes, Estados Unidos tiene un nuevo MacArthur llamado Donald, lo que el primero ganó en los campos de batalla, el otro en el mundo de los negocios. Para unos un loco populista, xenófobo, etc. para otros un héroe que cumple su palabra, para eso lo votaron esos otros.  Para no ser menos, en Francia (no digamos Europa que no le gusta) una nueva  De Gaulle, o mejor, como a ella le gusta mostrarse una nueva Joanna d’Arc. En el Reino Unido una Theresa May a la Margaret Hilda Thatcher,  y en otros países, Los Bajos, que seguro tendrán sus héroes, pero he de reconocer que aquí peco de chovinismo, sólo conozco héroes de nuestros tercios.  Y así en Italia, Alemania… sacan brillo a las antiguas fronteras porque sacar brillos a los uniformes sería demasiado, una cosa son las modas políticas y otras jugar con el pan y los cuartos… Que si la izquierda debe responder a estos populismos o fascismos, que si la derecha moderada no se ha sabido adaptar a los nuevos cambios; que si inmigración sí o no, o con límites; que si el Islam es malo o regular, o que es bueno si los entendemos…

    Y, ¿qué hace China mientras?, pues qué va hacer: trabajar. 

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