LOS VIKINGOS ATACAN CONSTANTINOPLA.

20.07.2019 11:35

               

                Un 18 de junio del 860 el emperador Miguel III no se encontraba en su palacio de Constantinopla, pues aquel día había salido en campaña contra el califa abasí de Bagdad. Su armada, a la sazón, se empleaba lejos de los Estrechos contra las naves piratas musulmanas. En aquel momento, apareció frente a la capital la flota de los vikingos, los rus o varegos que habían ido surcando los grandes ríos de la Europa oriental hasta llegar allí en busca de botín y honor. El patriarca Focio los caracterizó como un rayo caído del cielo, cuya fuerza descargó contra los suburbios de Constantinopla. El 4 de agosto, tras saquear a placer monasterios y casas, retornaron los vikingos a sus puntos de destino antes que los ríos comenzasen a helarse. Los atemorizados bizantinos atribuyeron la retirada al favor de la Virgen María.

                Los vikingos retornaron décadas después a atacar a la gran señora de Oriente.  En el 907, su príncipe Oleg (según la Crónica primaria rusa) navegó al frente de unos dos mil barcos. Las fuentes bizantinas no dicen nada al respecto, por lo que algunos autores han dudado de todo ello. Una cadena de hierro les vedaba el paso a la entrada del Cuerno de Oro. Entonces, los vikingos llevaron sus barcos a tierra y los trasladaron sobre ruedas hasta el interior del Cuerno, como si intentaran superar los rápidos de un río. El príncipe llegó a colgar su escudo a las puertas de Constantinopla, pero sus ataques fueron repelidos. De todos modos, los bizantinos consideraron prudente aceptar los acuerdos comerciales de aquel año y del 911.

                En el 941, los vikingos fueron persuadidos a atacar Constantinopla por los jázaros, que habían abrazado el judaísmo y se mostraban muy molestos con las medidas del emperador bizantino Romano Lecapeno. El príncipe vikingo Igor sería liberado por los jázaros si aceptaba la empresa. En la primavera de aquel año, las fuerzas de sus mil naves desembarcaron en Anatolia, cuando las tropas bizantinas se encontraban fuera de Constantinopla en campaña. Solo protegían a la capital quince viejos dromones, que lanzaron contra sus rivales el fuego griego, uno de sus secretos más codiciados. La derrota vikinga fue completa según Liutprando de Cremona, pero los supervivientes todavía pudieron saquear la orilla asiática del Bósforo y Tracia hasta ser interceptados por los bizantinos, que decapitaron a los prisioneros en la Constantinopla poco antes amenazada.

                Bibliografía.

                Ellis Davidson, H. R., The Viking Road to Byzantium, Londres, 1976.

                Haywood, J., Los hombres del Norte. La saga vikinga (793-1241), Barcelona, 2016.

                Víctor Manuel Galán Tendero.

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