LOS TALIBANES, LOS HOMBRES QUE ODIAN A LAS MUJERES. Por Víctor Manuel Galán Tendero.

22.01.2024 08:39

               

                La noticia sobresaltó al mundo en pleno verano. En Afganistán los talibanes volvieron a imponer su autoridad nuevamente. Consiguieron arrojar a las fuerzas de la OTAN en agosto de 2021 tras años de combates. Supieron imponerse a un enemigo tachado de corrupto y vendido al extranjero, además de ganarse las simpatías de poblaciones rurales poco predispuestas a las ideas contemporáneas. La liberación femenina ha sido algo aborrecido por comunidades patriarcales que todavía dirigen su mirada a un pasado idealizado, el del Califato Ortodoxo del integrismo islámico.

                Siempre fue un disputado país, en guerra desde hacía demasiado tiempo. Aunque Afganistán no siempre ha sido así. En 1973 se derrocó la monarquía, y en 1978 una revolución de inspiración comunista estableció la igualdad entre hombres y mujeres. Los matrimonios forzados o por dinero fueron prohibidos. La Unión Soviética secundó a este gobierno y llegó a intervenir militarmente para asegurar sus intereses en Asia, lo que dio pie a una larga guerra hasta 1992.

                Fueron años en los que también se libró la segunda guerra fría entre la URSS y los Estados Unidos, que alentaron la resistencia afgana desde el vecino Pakistán. Los saudíes, no pocos argelinos y muchos musulmanes respondieron a la llamada a la guerra santa, al yihad, contra los impíos soviéticos, que terminaron retirándose de Afganistán en 1989.

                Mientras el mundo soviético se desmoronaba y Estados Unidos se declaraba vencedor de la guerra fría, los talibanes se hicieron con el poder. En 1996 instauraron un emirato islámico, que pervivió hasta 2001, cuando fuerzas de la OTAN dirigidas por Estados Unidos desplazaron un régimen al que se culpaba de los atentados del 11 de septiembre. La nueva república instaurara por ellos no logró imponerse: la retirada de las tropas de la OTAN de 2014 anunciaba lo que iba a suceder en el verano de 2021.

                Mientras tanto, el feminismo también había llegado a los países musulmanes. En el siglo XX la lucha por los derechos civiles de las personas fue muy intensa. Se combatió denodadamente contra las discriminaciones de clase, raza y género. Las primeras feministas musulmanas resultaron ser las egipcias que en la década de 1920 estaban en contra de la dominación colonial británica de su país. En esta misma época, se estaban impulsando en Turquía políticas modernizadoras que cuestionaban la sociedad tradicional del antiguo imperio otomano.

                Los combates de la descolonización tras la segunda guerra mundial y la eclosión del socialismo árabe ayudaron a movilizar las energías de muchas mujeres, que querían cambiar una situación injusta. En la Argelia de los años ochenta llegaron a ser doctoras y atletas, y la revolución integrista iraní (nada favorable al feminismo) tuvo que contar al principio con su colaboración activa.

                Las feministas musulmanas no han renunciado a su religión, el Islam. Interpretan el Corán de forma inclusiva, rechazando toda interpretación de tintes patriarcales. Son contrarias a la poligamia, que permite a un varón tener cuatro esposas y todas las concubinas que desee, a los matrimonios impuestos y a toda discriminación tocante a las herencias familiares.

                Este feminismo, de fuerte carga intelectual, se ha difundido en determinados círculos de los países musulmanes y entre algunas comunidades islámicas de Europa y la América del Norte, pero todavía no ha llegado a muchos rincones. No obstante, el descenso de las tasas de natalidad en la generalidad de los países islámicos desde finales del siglo XX quizá nos esté indicando que algo viene cambiando en sus hogares.

                Los estudiantes, a veces, no son gentes precisamente apacibles, por mucho que parezca que la pluma vence a la espada. Curiosamente, la palabra talibán significa estudiante en lengua irania pastún. Sin embargo, su interpretación del Islam es diametralmente opuesta a la de las feministas musulmanas. Así pues, podemos explicar su furibunda política y actitudes contrarias a los derechos de las mujeres de esta manera. Se trata de un movimiento contrario a toda modernidad, aunque corremos el riesgo de quedarnos cortos en nuestras explicaciones.

                Una parte importante de ellos son el fruto de familias desestructuradas por los desastres de la guerra y los infortunios de la política. Se han hecho adultos en campos de refugiados y en orfanatos, como el de Kandahar, que acoge a unos 1.100 huérfanos. La ausencia de la figura materna y de toda influencia femenina deja su huella.

                Su modelo de conducta es Mirwais Khan Khotak (1673-1715), un verdadero héroe nacional para los talibanes. Desde Kandahar, llevó a la victoria a los pastunes suníes contra los persas chiíes. Sus éxitos señalan el camino de muchos que no dudan en imponer un Islam contrario a los derechos de las mujeres.

                Para saber más.

                Los derechos humanos en Afganistán, Amnesty International, https://www.amnesty.org