LOS PRIMEROS PASOS DE LA ARTILLERÍA. Por Víctor Manuel Galán Tendero.

23.12.2019 18:07

                El mundo medieval fue tan combativo como osado y los distintos poderes que quisieron erigirse en dominantes se afanaron en contar con armas lo más eficaces posibles. Los progresos del arte de la fortificación y los crecientes contactos entre Oriente y Occidente condujeron a la difusión y aplicación militar de la pólvora, fundamento de la moderna artillería.

                La artillería cuenta con importantes precedentes en el mundo bizantino, conservador del legado clásico. Bajo el emperador León VI el Sabio (886-912), las proas de sus naves de guerra dispusieron sifones recubiertos de bronce para arrojar fuego, uno de los medios más acreditados de destrucción de los buques enemigos junto a las vasijas llenas de cal viva, abrojos de hierro o bolas de madera con puntas de hierro envueltas en alquitrán y telas para prender. La pez líquida también fue de gran ayuda al respecto.

                Sin embargo, la pólvora fue ideada en China y en el asedio de Dean (1132) se refiere el empleo de armas de fuego. El mundo islámico de tiempos de las conquistas mongolas actuó como correa de transmisión. Los guerreros mamelucos utilizaron con éxito tales armas contra los mongoles en la batalla de Ain Jalut de 1260.

                La fórmula de la pólvora era conocida en aquel tiempo en la Europa cristiana por un sabio como Roger Bacon. En el asedio de San Juan de Acre (1291) se emplearon instrumentos pirobalísticos como catapultas y mandrones que arrojaban piedras y bolas de barro con mezcla explosiva. El ocaso de las Cruzadas clásicas asistió al alba de la artillería de posición.

                En Occidente también se empleó años más tarde. Ibn al-Jatib refiere que en 1324, reinando el emir Ismail I, los granadinos utilizaron contra los castellanos de Huéscar un gran ingenio que funcionaba con nafta, capaz de arrojar contra uno de los torreones de la fortaleza una bala de hierro. Los defensores castellanos se sintieron aterrorizados.

                Asimismo, un ingenio pirobalístico también fue empleado aquel mismo año en el asedio de Metz, durante la guerra de los Cuatro Señores. De 1326 consta la primera representación gráfica de un cañón, en el tratado de política del inglés Walter de Milemete, que dirigió al príncipe Eduardo. Las nuevas armas se terminaron generalizando entre los poderes cristianos y musulmanes. En 1327 hicieron uso de las mismas los ingleses en Berwick, los granadinos en Elche en 1333, los franceses en Quesnay en 1340 y en Algeciras en 1343 los asediados granadinos, que arrojaron grandes flechas y pesadas bolas con sus truenos, nombre que se generalizaría entre los castellanos y los aragoneses del siglo XIV. Posteriormente, le tomarían claramente la delantera a los granadinos en este campo, con bien conocidos resultados.

                Bibliografía.

                C. M. Cipolla, Las máquinas del tiempo y de la guerra. Estudios sobre La génesis del capitalismo, Barcelona, 1999.