LOS NIÑOS DE FUEGO DE GAZA. Por Antonio Parra García.

03.08.2014 23:39

 

                Imagínense que un país de la órbita occidental sufriera durante días un bombardeo continuo, sin ninguna clase de respeto por hospitales o escuelas infantiles, de las que se extrajeran los cadáveres de los más pequeños, sin respetar la protección en teoría garantizada por las Naciones Unidas. En tal caso el Consejo de Seguridad declararía al agresor fuera de la ley por violentar abruptamente los derechos humanos más elementales, se le sancionaría con energía, y muy posiblemente pensaría en emprender acciones militares contra quienes observan una conducta tan inhumanitaria. Supongan que el agresor fuera Irán, y la víctima Israel.

                Sin embargo, el agresor es Israel y sus víctimas los palestinos de Gaza. Desde la ONU y EE. UU. la indignación se reduce a lamentos desaprobatorios, que en muchos lugares se antojan hipocresía dictada por la realpolitik. La justicia del orden mundial se nos muestra tan arbitraria como la de un tribunal señorial servido por escribanos escogidos a dedo.

                En este deplorable caso los agresores replican poniendo ante el juez sus caídos y desaparecidos, igualmente dignos de toda compasión, pues los asesinatos no merman porque menor sea su número. En la ofensiva contra Gaza falla clamorosamente toda ética por parte de Israel, que debería recordar mejor que nadie el oprobio del Holocausto, y la más elemental lógica política.

                La insurgencia guerrillera o terrorista conoce perfectamente sus limitaciones ante un adversario mucho más poderoso, y lo inquieta de todas las formas posibles para que un torpe Goliath descargue su furia contra la población civil, que al ser arbitrariamente represaliada acaba convirtiéndose en parte de la insurgencia. Ya no se combate contra un movimiento político, sino contra un pueblo galvanizado por una causa patriótica. Israel entrega en bandeja a Hamas el triunfo político. La paz en el Oriente Próximo se hunde cada vez más, con el riesgo de eternizarse más que las Cruzadas.

                El mal que se hace hoy se transmite dramáticamente al porvenir, a la Historia del futuro, cuando los explosivos asesinos imparten la lección a los jovencísimos escolares, crecidos entre el odio más feroz. Han visto morir a familiares de todas las edades, y en el caso que Dios los libre del final más espantoso llevarán siempre en su interior el más negro de los odios. En sus reuniones sociales guardarán memoria duradera del horror que vivieron en su niñez. ¿Qué se puede esperar de unos niños educados así? ¿Qué clase de seguridad futura puede esperar Israel? ¿Piensa practicar el exterminio sin límites? ¿No le enseñó al pueblo de Israel el Holocausto el completo error de la barbarie de los niños de fuego de Gaza

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