LOS CARTAGINESES Y EL MUNDO HELENÍSTICO.

17.04.2019 19:10

               

                Entre los romanos, los cartagineses tuvieron una pésima fama, que en gran parte ha pasado a la posteridad. La historiografía reciente se ha esforzado en restituir su imagen, máxime cuando la destrucción de Cartago ocasionaría la pérdida irremediable de sus archivos, que hubieran enriquecido y matizado nuestra visión del pasado.

                Los cartagineses, en origen fenicios establecidos en el África del Norte, comerciaron activamente desde finales del siglo VI antes de Jesucristo con otros poderes del Mediterráneo. También lograron establecer su dominio sobre una importante franja de territorio norteafricano alrededor del actual Túnez. Con una organización o constitución que no pasó desapercibida a Aristóteles, los cartagineses lograron importantes realizaciones.

                Sus relaciones con los griegos, como con los de Sicilia, distaron de ser pacíficas, pero no dejaron de recibir su influencia cultural, al igual que otros pueblos del Mediterráneo. En época helenística, la de la difusión de lo griego por el mundo oriental, los cartagineses no permanecieron al margen, con independencia de hechos puntuales como los tratados de Aníbal con Filipo V de Macedonia y Antíoco III contra Roma.

                Con el Egipto lágida las relaciones fueron fluidas, pero donde mejor se ha apreciado hasta el momento la impronta helenística en Cartago ha sido en la península Ibérica, donde los bárquidas intentaron crear un imperio tras la I guerra Púnica.

                Los cartagineses pusieron en pie un considerable ejército, cuyo abastecimiento animó un importante comercio entre el Norte de África y la Península reflejado en una gran variedad de ánforas. En consonancia, se acondicionaron caminos naturales y se emplearon torres de raigambre ibera (llamadas de Aníbal) para proteger las vías de comunicación. Se buscó el control de los principales centros mineros y se fundaron ciudades como la actual Cartagena, lo que algunos autores han puesto en relación con la creación de núcleos urbanos por Alejandro Magno y sus epígonos.

                En la misma Cartagena se han encontrado vestigios de una muralla de casamatas, al modo del mundo helenístico. En el alicantino Tossal de Manises también se han descubierto formas de fortificación de factura helenística. Las áreas palaciegas tampoco escaparon a este influjo, como la Arx Asdrubalis de Cartagena, asociado a divinidades como la siria Atargatis. Dentro de esta deificación del poder, adquiere especial relevancia la figura de Melqart, el llamado Hércules púnico, tan presente en las imágenes numismáticas de los cartagineses. Con las monedas no solo se pagaban a los soldados mercenarios, sino que también se difundía la ideología del poder favorable a la familia Barca.

                El mismo Aníbal, presentado a veces de manera tan terrible, recibió el magisterio en letras griegas de Sósilo de Lacedemonia, que como historiador lo acompañó en sus campañas junto a Sileno de Calacte. El gran general era consciente de la importancia de la buena imagen para su causa, una guerra que también perdió a la larga en un mundo que terminaría reverenciando a griegos y romanos como sus dignos progenitores.

                Bibliografía.

                Bendala, M.- Blánquez, J., “Arquitectura militar púnico-helenística en Hispania” CUADERNOS DE PREHISTORIA Y ARQUEOLOGÍA 28-29, 2002-03, pp. 145-158.

                Shipley, G., El mundo griego después de Alejandro, 323-30 a. C., Barcelona, 2001.

                Esteban Martínez Escrig.            

               

 

 

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