LOS BOSQUES Y LA DESPOBLACIÓN.

29.11.2018 19:45

                Los bosques representan la Naturaleza en todo su esplendor. En las civilizaciones de la Europa anterior a las conquistas romanas, los árboles se asociaron vivamente con principios religiosos, pues los bosques tuvieron mucho, muchísimo, de protector para las gentes. Dispensaban elementos constructivos, energéticos, alimentarios y sanitarios de primera calidad. Nuestro árbol de Navidad se remonta a la tala por San Bonifacio del roble consagrado a Thor allá por el siglo VIII.

                Hace ya décadas, el maestro Georges Duby abocetó la Europa de San Bonifacio como cubierta con grandes extensiones boscosas, resistentes frente a la tímida labranza de las comunidades campesinas posteriores a Carlomagno. La expansión de la población del continente pasaría por ganarle terreno al bosque, por conseguir y afianzar nuevos campos de cultivo con los que alimentar a las gentes de las hormigueantes ciudades.

                Sin embargo, la experiencia de la Europa mediterránea sugiere una relación más compleja. Pastores y agricultores supervisan los espacios boscosos. En la Castilla del siglo XVIII los ganaderos que arrendaban las dehesas de pastos obtenían el permiso de cultivar trigo para alimentarse y de abastecerse de la leña necesaria. Conscientes de la importancia de equilibrar los aprovechamientos económicos, las autoridades municipales promulgaron ordenanzas que vedaban la tala indiscriminada de árboles. En 1751 el duque de Béjar disponía de su propio encargado o bosquero. Autorizó el desmonte de la tierra perdida del monte bajo para convertirla en fructífera, el plantío de castaños, álamos y otros árboles de buena vista, y la división en tercios del bosque con vistas a su explotación forestal de tres a cuatro años. Sus castañas rindieron importantes frutos y satisficieron el diezmo.

                El éxodo rural ha ocasionado un creciente abandono del cuidado de los bosques desde el punto de vista tradicional, y ha abierto el camino a más de un incendio forestal. Los incendios, como los recientes de Portugal, han impelido a muchas personas fuera de sus hogares.

                Por ende, los bosques ayudan a fijar población. De ello fueron conscientes las autoridades españolas de los siglos XVII y XVIII, cuando el número de gentes resultaba muy insuficiente en demasiados lugares. A mediados del XVIII, Molina de Aragón ya presentaba despoblados en sus términos, como el de Villa Cabras. Con licencia de su justicia municipal, se socorría con leña a los vecinos pobres durante las nieves y los hielos invernales. La pobreza energética no es cosa de hoy solamente, y así puede entenderse que la desamortización de los bienes municipales de propios del XIX se convirtiera en un drama para muchos jornaleros.

                Se sostuvo allí que la lejanía de los bosques imponía restricciones de madera, que encarecían muchas cosas. De veinte en veinte años las gentes de Molina de Aragón lograban cargas de madera para sus herrerías y la elaboración de carbón tras la tala de algunos pedazos del bosque. Los incentivos de muchos se mostraban lejanos.

                La despoblación que a día de hoy castiga una parte importante del territorio español obedece, entre otras, a causas históricas complejas, a las que no son ajenas la existencia de los bosques.

                Fuentes.

                Archivo Histórico de la Nobleza.

                Ducado de Béjar, Osuna, C. 262, D. 157.

                Catastro del marqués de la Ensenada.

                Respuestas generales de Molina de Aragón.

                Víctor Manuel Galán Tendero.

                Imagen de Asociación Micorriza.