LOS ARISTOCRÁTICOS SERVIDORES DEL IMPERIO ESPAÑOL. Por Víctor Manuel Galán Tendero.

26.09.2023 08:13

 

                ¿A quién benefició la política de los Austrias? Sus guerras, emprendidas en nombre del catolicismo, costaron mucho dinero a sus súbditos, que tuvieron que pagar considerables impuestos para enjugar unas deudas interminables. La Corona de Castilla, con unas Cortes sometidas a la autoridad real, sostuvo un duro compromiso, mientras la Corona de Aragón protestó a veces de la imposición de ciertos deberes.

                Sin embargo, la política de los Austrias resultó inicialmente atractiva a los grupos aristocráticos. Para muchos nobles, supuso una oportunidad de lograr prebendas, rentas y reverdecer glorias familiares. Los nobles castellanos conocían bien desde la Baja Edad Media las ventajas de disfrutar las rentas de los oficios del reino, y los de la Corona de Aragón también apreciaron tal circunstancia. A veces se quejaron de ser apartados de su goce en tiempos de los Austrias, agravio que el conde-duque de Olivares no acertó a corregir. Sin embargo, algunas casas nobiliarias de la Corona de Aragón disfrutaron del favor real. Tal fue el caso de los Coloma, titulares del condado de Elda en el reino de Valencia.

                Servidor de Carlos V y casado con la portuguesa Isabel de Saa, don Juan Coloma fue nombrado alcaide del castillo de Alicante en 1561. Sus servicios como virrey de Cerdeña (1570-77) le merecieron el título de conde. La muerte de su primogénito Juan antes de su fallecimiento hizo que el título pasara a su segundo hijo varón, Antonio, con vínculo de mayorazgo, un uso jurídico que se iba generalizando entre la aristocracia valenciana.

                Don Antonio había acompañado a su padre a Cerdeña. Combatió en el socorro de Chipre, en la batalla de Navarino y en Túnez. Al retornar de sus servicios militares, ayudó a su padre como lugarteniente de capitán general de Cerdeña y gobernador de Sassari. La isla de Cerdeña había atraído desde la Baja Edad Media a nobles y comerciantes valencianos y catalanes, y su posición estratégica y sus recursos alimentarios resultaban atractivos. La experiencia de don Antonio también se extendió a la incorporación de Portugal y a las delicadas cortes de Monzón de 1585. Con una buena hacienda, capaz de asumir cargas en nombre del rey, fue nombrado virrey de Cerdeña en 1595. En el favor del Consejo de Aragón tuvo que competir con don Enrique de Cardona, que había sido gobernador de Cataluña, y con don Jorge de Heredia, hermano del conde de Fuentes de Aragón.

                Hasta 1604, don Antonio ejerció como virrey de Cerdeña con intermitencias. Los tres estamentos sardos le dispensaron una ayuda de costa de 3.000 ducados, pues el servicio le resultaba gravoso. De hecho, se quejó en 1598 de la falta de paga por los oficiales pecuniarios de Cerdeña al ser llamado a la corte. En 1601 pidió licencia para ausentarse al fallecer dos de sus hermanos, lo que le obligaba a atender a sus negocios familiares. Su responsabilidad virreinal no le impidió ser nombrado general de las galeras de Portugal en 1603. El virreinato sardo le ocasionó no pocos gastos, pero también la posibilidad de conceder licencias de exportación de trigo, muy cotizadas. Fue algo que no gustó a más de uno.

                Don Antonio no resultó ser el único miembro de la familia Coloma que sirviera al rey. Mientras su hermano Alonso alcanzó la dignidad de obispo de Barcelona, su otro hermano Carlos logró gran nombradía como militar. Nacido en el Alicante de 1566, sirvió en las campañas de los Países Bajos a las órdenes de Alejandro Farnesio, el conde de Fuentes y Ambrosio Spínola. Casado con una noble flamenca, escribió Guerra de los Estados Baxos con precisión.

                Sirvió a la monarquía como gobernador de Perpiñán, virrey de Mallorca (donde tuvo que enfrentarse a una excomunión por cuestionar la Inquisición en nombre de los derechos reales), gobernador de Cambray, consejero y en calidad de embajador extraordinario en Inglaterra. Coronó con éxito en 1636 su defensa de Valencia del Po, acallando muchas habladurías cortesanas.         

                Fuentes.

                ARCHIVO DE LA CORONA DE ARAGÓN.

                Consejo de Aragón, Legajos 1048, nº. 002.