LAS IMPLICACIONES DE LA BATALLA DE VOUILLÉ. Por Carlos Argilés Ejarque.

24.10.2016 09:03

                

                Librada en el 507, esta batalla entre visigodos y francos fue decisiva para decidir el control de las Galias, a punto de convertirse en Francia. Clodoveo I, el rey franco que se convirtió al catolicismo, quería ampliar sus dominios. Burgundios y galorromanos fueron vencidos por sus tropas. Su siguiente objetivo era el de los visigodos asentados al Sur del Loire.

                Alarico II, el monarca visigodo, se esforzó sin éxito para evitar el choque. Su política de mayor indulgencia hacia los católicos romanos no logró reconocimiento, después del rigor aplicado, y tuvo que marchar a la guerra con unos dominios divididos por la discordia.

                La decisión última se libró en el campo de batalla, donde visigodos y francos no presentaban grandes diferencias de armamento, excepto la típica hacha francisca. Algunos autores sostienen que los francos alinearon 30.000 infantes y 10.000 de sus mejores jinetes. Muy probablemente los visigodos acudieron con una fuerza muy similar en número.

                La lucha, mal conocida en sus detalles, fue dura y los dos reyes combatieron con las armas en la mano. Cayó Alarico II y Clodoveo I se proclamó vencedor tras no escaso esfuerzo, antes que los ostrogodos llegaran a auxiliar a sus parientes visigodos.

                La batalla fue determinante para configurar la geografía política de la Europa Occidental. Los francos irrumpieron al Sur del Loire y los visigodos tuvieron que intensificar su presencia al Mediodía de los Pirineos, pero conservaron la Septimania asomada al Mediterráneo gracias a la intervención del ostrogodo Teodorico, que no quiso padecer el empuje franco. Su acción fue determinante para que los visigodos no se sumieran en un caos peor a la muerte de Alarico II y con el tiempo se alumbrara el reino de Toledo en Hispania. Vouillé ejemplifica la movilidad de las fronteras políticas del Oeste europeo tras la caída de Roma, algo que los romanos de Oriente volverían a demostrar décadas más tarde.