LAS CONQUISTAS DE LOS ÁVAROS Y EL ALBA DEL PODER ESLAVO.

23.06.2019 10:04

                El imperio romano de Oriente tuvo que vérselas con distintos y peligrosos enemigos. Uno de ellos fueron los ávaros, procedentes del centro de Asia, cuyas irrupciones guerreras en los Balcanes franquearon el camino de varios pueblos eslavos contra Bizancio.

                Los políticos bizantinos intentaron negociar con ellos al comienzo, siguiendo una vieja estrategia: la de ganarse a los bárbaros recién llegados con concesiones para emplearlos como escudo defensivo contra otros. El gran Justiniano, que soñó con la restauración del orbe imperial romano, les ofreció subsidios y los convirtió en sus federados en el Cáucaso y en el Norte del mar Negro.

                Sin embargo, las cosas se torcieron bajo su sucesor Justiniano II. En el 572 ya no los retribuyó y los ávaros se lanzaron contra un imperio en apurada guerra contra los persas. La frontera danubiana fue atacada, pero resistió su embestida inicialmente.

                Los ávaros acertaron a unirse bajo la jefatura de un jagan, que incluso llegó a captar a varios pueblos eslavos deseosos de tierras y botín. El jagan Baian contó con la ayuda de los esclavinios y en el 582 conquistó Sirmium. A continuación avanzaron hasta Anchialos, donde se negaron a recibir a los representantes del emperador Mauricio. Los Balcanes parecían abiertos a sus empresas.

                Libre de la presión persa tras un agotador conflicto, Mauricio decidió saldar cuentas en los territorios danubianos. En el 592 logró rebasar la línea del Danubio, pero se encontró con una cerrada oposición de los establecidos en la otra orilla. El jagan Baian sería vencido en el 601, pero la deposición del bravo Mauricio por sus exasperadas tropas depararía una nueva oportunidad a los golpeados ávaros.

                El nuevo emperador Heraclio volvía a vérselas con los persas y los ávaros conquistaron Mesia y Macedonia. A continuación, asolaron Tracia y entre el 617 y el 619 asediaron la plaza fuerte de Tesalónica. Paralelamente, logran introducirse en la región de Tesalia, Grecia central y el Peloponeso. En el 623 alcanzaron la misma isla de Creta.

                Las distintas treguas no salvaron a Heraclio de una acometida todavía mayor, pues en el 626 asediaron Constantinopla mientras los persas avanzaban en Calcedonia. Con todo, la capital del imperio resistió el golpe con fuerza. Su flota fue hundida y su ejército seriamente vencido. La derrota ávara animó a los eslavos subordinados al alzamiento y su volátil imperio terminó por descomponerse. Otra cosa es que los bizantinos se libraran de los recién llegados en muchas regiones balcánicas, ya que la obediencia serbia y croata no pasó de lo teórico. Un nuevo mundo amanecía entonces en la Europa Oriental.

                Bibliografía.

                BON, A., Le Péloponnèse byzantin jusqu´en 1204, París, 1952.

                Víctor Manuel Galán Tendero.

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