LAS ARMAS VIKINGAS CONQUISTAN TIERRAS ANGLOSAJONAS. Por Víctor Manuel Galán Tendero.

28.11.2019 15:58

                Los vikingos no conformaron simples bandas de saqueadores oportunistas, que se cebaron con objetivos puntuales con saña, sino que nutrieron importantes ejércitos formados por agregación. A su modo, combinaron las formaciones militares flexibles con otras más compactas para librar grandes batallas o rendir ciudades bien fortificadas. La Inglaterra anglosajona, con poderes reales encontrados, sufrió su acometida. En el 865 varios grupos de procedencia danesa tomaron tierra en East Anglia. Fueron el núcleo del Gran Ejército Pagano de invasión, según los mismos cronistas anglosajones.

                Eran gente avezada a combatir. Tenían bien presente la recomendación de Odín de no abandonar sus armas, su más preciado signo de libertad y relumbrante muestra de estatus social. Los aristócratas iban al combate con cascos y cotas de malla o armaduras de láminas, al igual que sus dependientes de confianza. En cambio, los menos pudientes se conformaban con ropas acolchadas. Blandían lanzas, hachas, cuchillos y escudos, la panoplia de muchos campesinos vikingos. Mientras las hachas estaban más generalizadas, las espadas seguían los modelos romanos conservados en la Europa carolingia, por lo que era un gran honor disponer de una de aquéllas. La formación resultante era tan sólida como letal.

                Iniciaban la batalla arrojando una lanza en nombre de Odín, al que reservaban el enemigo a batir. Sus arcos elaborados con madera de fresno u olmo podían arrojar flechas con puntas de hierro a más de doscientos metros. Sus lanzas, además de ser empleadas como armas arrojadizas, servían de elemento de empuje contra los rivales. Sabían bien conservar una posición frente al enemigo y pasar en el momento oportuno al contraataque.

                Tales fuerzas se pusieron en acción y en 867 el potente ejército vikingo se dirigió al Norte de Inglaterra y rindió la importante plaza de York. El rey Aela fue apresado y ejecutado, según se justificó, en venganza de la muerte de Ragnar Lodbrok.

                Las armas vikingas vivieron un momento de gloria. Se reforzaron sus filas en el 871 al calor de sus victorias y se formó el Gran Ejército de Verano, uno de cuyos comandantes fue el temible Guthrum. Las fuerzas se escindieron en el 875 y Guthrum marchó hacia Wessex. Otro comandante, Halfdan, tomó con los suyos la ruta de Northumbria. Sus soldados, fieles a su origen campesino, araron la tierra y dieron origen al país de la ley danesa, el Danelaw.

                Sin embargo, el triunfó no sonrió finalmente a Guthrum, vencido en el 876 en la batalla de Edington por Alfredo el Grande, donde consiguió imponer su superioridad de número y táctica. Frente a los daneses emergía un valladar que con los años iría imponiéndose en los campos de batalla.

                Bibliografía.

                Gwyn Jones, A History of the Vikings, Oxford, 1984.

        

                              

                                                              

 

 

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