LA SOMBRA DE AUSCHWITZ. Por Juan Carlos Pérez García.

17.07.2017 10:48

 AL HILO DE DOS LIBROS RECIENTES.

LA SOMBRA DE AUSCHWITZ Y UNAS REFLEXIONES EDUCATIVAS.

Auschwitz sigue marcando la agenda de Europa. Esta larga sombra se proyecta hasta hoy en día en la política europea. El mundo este-europeo parece permanentemente sometido a la sombra de las chimeneas de los hornos crematorios.

“Existe un misterio sobre el régimen nazi, (…) que nos hace seguir preguntando ¿por qué?, pero ¿por qué?, mucho después de que todos los hechos hayan sido registrados, todas las etapas del proceso conocidas y todos los motivos concebibles considerados”. [Arendt, H., Escritos judíos, p. 567]

Estas frases de Arendt, sacadas de un libro, que es más bien una colección de artículos, son la revelación de la permanente sacudida que todo ser humano siente al visitar el Holocausto. Conocemos los medios, los mecanismos, la forma de matar, y tantos detalles, pero aún nos abruma la inmensa masacre pepetrada.

Mi objetivo en este escrito breve es comentar dos libros recientes sobre el tema. He de decir que desde mi perspectiva lo más significativo resulta, a la altura de nuestros conocimientos, es indagar, profundizar y conocer aquellas hebras de la historia que condujeron a la cultura germánica a perpetrar el inmenso crimen, que, por cierto, no sólo afectó a los judíos, sino incluso a gitanos, homosexuales, discapacitados, etc. Esto es, cómo una cultura subida a las cumbres del pensamiento y la creación artística con un Goethe, un Kant o un Schiller acabó por engendrar un antisemitismo eliminador y volcado al horno crematorio. No es una cuestión poco importante porque, como tantas veces se ha repetido, Alemania era en 1930 el país con unas tasas de educación más sobresalientes del mundo. Doy por hecho que, a pesar de los que se ha dicho, no basta con explicarlo todo mediante el recurso, bastante sencillo, a la crisis de entreguerras y a las consecuencias de la aplicación del tratado de Versalles, el famoso Diktadt. No creo que esta explicación pueda solventar la gran pregunta: ¿por qué tan gigantesco crimen?

 

Esta es una imagen del Museo y Centro de estudio del Holocausto (Shoah, en hebreo), que se encuentra en la colina del Recuerdo, en Jerusalén. Las orientaciones de este centro de estudio e investigación son decisivas en la enseñanza del tema.

Pero, por desgracia, sigue siendo más abundante la literatura sobre el Tercer Reich que sobre el humus generador del odio. León Poliakov rastreó magistralmente los orígenes del odio hace tiempo, sintetizándolo en una causalidad diabólica que permitía enlazar viejos mitos, propaganda, crisis económica y tendencias genocidas. Ahora disponemos de dos obras significativas, nuevas, que permiten precisiones en ese mundo creado por los nazis.

Empecemos por lo obvio, teniendo en cuenta lo que estamos comentando. Es decir, si resulta posible a estas alturas aportar nuevos elementos y perspectivas al conocimiento del régimen nazi. Porque lo cierto es que este es uno de los temas más tratados, más investigados, más polemizados de la historia contemporánea europea y mundial. Son infinidad los libros y los artículos que se han dedicado a escudriñar en este gigantesco proyecto de maldad. Y se ha hecho desde múltiples perspectivas y con andamiajes ideológicos muy diversos. Por descontado, se ha escrito mucha novela y literatura diversa que se sale propiamente de lo que es la historia. ¿Se puede aportar algo nuevo? ¿Queda algún resquicio por el que se cuelen nuevas interpretaciones que nos hagan virar en nuestras perspectivas sobre este gran tema del siglo XX?

 

            

 

De una parte tenemos el libro del historiador francés Christian Ingrao sobre las mentes y las manos presentes en las ejecuciones masivas. Como sabemos, aunque la sombra de Auschwitz es muy alargada, la inmensa mayoría de las víctimas del Holocausto fueron asesinadas fuera de los campos. El Holocausto por balas, que ha investigado a fondo la organización Yahad In Unum, llevaba centenares de miles de asesinados en su nómina cuando se montó el primer campo de exterminio. La invasión de Polonia colocó ante los nazis la evidencia de que estaban ante un país con varios millones de judíos. Detrás de la fuerza invasora que aniquiló la nación polaca en pocas semanas desde aquel infausto primero de septiembre de 1939, iban los Einsatzgruppen para asesinar en pueblos, aldeas y ciudades, a judíos, opositores de izquierda, partisanos y comisarios políticos comunistas.

 

El libro de Ingrao es brillante por el volumen de documentación manejado. Destruye de un plumazo una vieja idea falaz; y una idea que todos, absolutamente todos, sabemos que es falaz: la educación hace mejores personas. Pues no. No es así. Ese centenar de casos que el historiador francés ha indagado de personajes con estudios universitarios de alto calibre, licenciados, doctorados, en ingeniería, en filosofía, en literatura. Por supuesto que todo el mundo recordará a Heidegger, pero hay muchos más que no han alcanzado este renombre.

 

Merece la pena la lectura de este libro porque aporta una enorme información sobre los perpetradores, los seres que apretaron el gatillo y su estrecha relación con la cultura con mayúsculas. Pero lo que me interesa más es realizar una reflexión sobre la educación a partir de él. Para los docentes uno de nuestros mantras –algunos ya no estarán de acuerdo en esto, pero me refiero a los compañeros volcados en su labor, desde la honestidad y el compromiso con la formación de los estudiantes- es que la educación coloca los cimientos de la persona; no me refiero a los cimientos económicos: es decir, como una etapa crucial en la formación para alcanzar después un puesto de trabajo con el que poder vivir. Me refiero a la formación cultural.

 

Como he dicho hemos abandonado la idea de que al educar y enseñar formamos personas mejores, mejor preparadas para vivir en sociedad y respetuosas con los demás. No hay más que ver nuestra sociedad actual para comprobar que esto no es así. El libro de Ingrao solidifica este principio: la clave es el tipo de educación. Porque estos doctores que dirigían secciones de la SS y la SD, los que apretaron el gatillo delante de las fosas que los propios desdichados de Babi Yar habían construido con sus propias manos, estaban convencidos de que estos crímenes libraban a la humanidad de seres que no merecían vivir. Habían mamado una teoría racial enormemente destructiva. La clave estaba en el tipo de educación recibido. El término raza ha caído en desuso, por razones obvias. Pero ahí está el término etnia para ser manejado al antojo del que desee manipularlo. Y sobre la manipulación de la educación, y de la educación histórica en particular, los españoles sabemos demasiado.

 

Cuando en las clases se estudia el Holocausto, siempre me hago la misma pregunta: ¿servirá para algo? ¿podremos incrementar la sensibilidad de los alumnos ante crímenes de este tipo? ¿qué pasaría si no enseñáramos el Holocausto? Quizás si no hiciéramos nada las cosas tampoco variarían demasiado. Pero es posible que corriéramos muchos riesgos. Por esta razón el libro siguiente que quiero comentar es interesante, porque permite aclarar algunos conceptos y tipologías que generalmente a nivel coloquial se confunden mucho.

 

El otro libro corresponde a N. Wachsmann. Se trata de Kl. A history of the Nazi Concentration Camps. En una breve reseña que escribió Ian Kersaw, una de las grandes autoridades mundiales en Tercer Reich, ya advertía de su importancia, porque se trata de la primera obra de carácter general sobre los campos. Es cierto, tenemos de todo: memorias de supervivientes, por ejemplo la trilogía de Auschwitz escrita por Primo Levi, tan impactante, tan repleta de vivencias humanas, en el fondo, una obra de filosofía hecha desde el sufrimiento más inmenso que se pueda imaginar. Tenemos obras sobre los perpetradores, como los jefes de los campos; en esto, los juicios posteriores fueron bastante esclarecedores sobre las ideas que les inspiraban. Tenemos obras históricas sobre el papel de los ferrocarriles del terror que cruzaban Europa hacia los hornos crematorios. Tenemos los tremendos diarios de Vasili Grosmann. Y un sinfín más de obras. Pero faltaba una monografía que tratase el tema de los campos como tales, observando sus tipologías, sus tamaños, sus mecanismos de funcionamiento. Pero especialmente necesitábamos, por fin, un trabajo de historia que diferenciase el sistema de campos, que analizara el funcionamiento de una estructura de destrucción y distinguiese tipos. Alguien dijo que Europa tenía un campo de concentración cada cinco kilómetros. El libro de Waschmann deja bien claro que esto no es exageración, entre campos de exterminio, de trabajo, de estancia corta, de concentración, etc.

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Hay en el libro una comparación lógica con el otro totalitarismo de la época: el régimen estalinista de la Unión Soviética. Sabido es que el gulag, creado por este régimen concentró en diferentes campos del país a unos 15 o 20 millones de presos. Pero la mayoría, a pesar de la dura experiencia, salieron con vida. Lo contrario fue el infierno de los campos nazis. Ambos regímenes perseguían un mismo objetivo, aunque partieran de principios ideológicos diferentes: ese objetivo era crear un mundo nuevo. El régimen comunista pretendía una utopía liberadora, la construcción de un mundo igualitario que laminara las diferencias sociales y culturales. En cambio, el régimen nazi era sobre todo una utopía destructiva.

Otra de las virtudes de este trabajo, para el que el historiador ha manejado una masa enorme de documentación a lo largo de todo el mundo, es el de ensamblar en un mismo esquema interpretativo la acción de los perpetradores y la de las víctimas. No es poco mérito viniendo de un historiador alemán afrontar todos estos problemas, teniendo en cuenta que Alemania, con esa memoria escindida entre la Occidental y la Oriental, ha afrontado recientemente la problemática del nazismo.

El libro además ahonda en viejos asuntos, como el del poder burocrático y su protagonismo en la destrucción. Sobre ello ya escribió Hannah Arendt, pero también con otros moldes de pensamiento y desde una perspectiva interesante Timothy Snyder. Este planteamiento, que es muy interesante, tampoco debe llevarnos por la tesis de la burocratización como sustitutivo de la decisión personal de participar en la obra criminal.

En conclusión, el tema sigue estando abierto, como no podía ser menos. Un tema seductor, aunque sea tan negro. Y termino con otras recomendaciones de lectura, además de los dos libros aquí superficialmente tratados.

 

Recomendaciones de lectura.

Arendt, Hannah, (1999), Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal. Editorial Lumen. Puede encontrarse en la red: http://www.lapala.cl/wp-content/uploads/2014/11/Eichmann-en-Jerusalen.-Estudios-sobre-la-banalidad-del-mal..pdf

----, (2009), Escritos judíos, Barcelona: Paidós.

Snyder, Timothy, (2015), Tierra negra. El Holocausto como historia y advertencia, Madrid: Galaxia Gutemberg.

En Los Ruices, a 14 de julio de 2017.

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