LA EXPANSIÓN DE LA VIDA ANIMAL Y LAS EPIDEMIAS MEDIEVALES. Por Víctor Manuel Galán Tendero.

13.04.2020 23:20

                La pandemia del coronavirus nos deja episodios como la aparición de jabalíes en Barcelona. Al confinarse los humanos para evitar el contagio, muchos animales se ven impulsados, por seguridad y necesidad a la par, a aventurarse en ciudades que solo les deparaban hasta el momento espacios escasos, muchos de carácter doméstico. Salvando diferencias, una eclosión de la vida animal también se ha verificado en Chernóbil más de treinta años después del sonado accidente nuclear.

                Las catástrofes que hacen retroceder la ocupación humana son seguidas muchas veces de la expansión de la vida animal. Así sucedió con el búfalo en la América del Norte del siglo XVI tras las epidemias de viruela que castigaron a las poblaciones nativas. Durante su expedición de socorro a Orihuela, atacada por Pedro I de Castilla, Pedro IV de Aragón describió en 1364 la gran cantidad de animales que encontró entre  Sax y Abanilla, cuyas partidas ya poco pobladas habían encajado los efectos de la peste negra. Así lo describió en este pasaje de su Crónica, que ofrecemos en castellano actual:

                “Y en el camino de la dicha jornada, pues la tierra que transitábamos estaba yerma, desierta y llena de gran multitud de caza, es decir, de perdices, conejos y liebres, sucedió que, por la mucha gente que estaba con Nos, no se logró caza de perdices, conejos o liebres que no fuera tomada, así por los grandes gritos y alaridos dados por las gentes y por la ejecución que se hacía personalmente por mucha gente de nuestra hueste. Así que, según por algunos se arbitró, más de diez mil pares de perdices y quinientas cargas de conejos y liebres fueron presas por las gentes de nuestra hueste, de lo que obtuvimos gran refresco.”

                La actividad cinegética se benefició de ello y las carnes de los animales cazados se vendieron en muchos puntos de la Europa bajomedieval. Era un aspecto más de aquella particular eclosión de la naturaleza ante los problemas de la especie humana.

                Fuente.

                Pedro el Ceremonioso, Crònica, Barcelona, 1984, C. VI, p. 222.