EL ORO BLANCO BOLIVIANO. COTIZACIÓN ACTUAL DEL LITIO, UNA MATERIA PRIMA DE LA NUEVA ERA INDUSTRIAL. Por Cristina Platero García.

02.03.2018 16:06

           

            El número de teléfonos móviles superó al de seres humanos ya en 2014, según la Unión Internacional de Telecomunicaciones, el organismo de la ONU especializado en este ámbito. La cifra sigue aumentando, de hecho, lo hace mucho más rápido que la población humana; como cabía esperar.

            Además, a estos dispositivos móviles habría que añadir tabletas, televisores, ordenadores portátiles, MP3 y una variopinta gama de gadgets que también son cada vez más numerosos. Todos ellos tienen algo en común: sus baterías, y estas, casi siempre, se componen a base de iones de litio, algo que las hace muy ligeras y supuestamente más duraderas. La creciente producción de tales tecnologías acrecienta la demanda de este metal, haciendo que los países con los mayores depósitos de la Tierra ostenten una riqueza basada en este oro blanco.

            En un futuro se necesitará más: las baterías de los coches eléctricos serán a base de este metal, en las que se estima que se contengan entre 50 y 70 kilos de este material. Aunque en la actualidad el porcentaje de estos vehículos sea mínimo, en 2030 se cree que se pasarán de los dos millones escasos existentes en la actualidad a los 140 ejemplares, según la Agencia Internacional de la Energía.

            La compañía sueca Volvo ha anunciado que para el 2019 toda su flota será fabricada únicamente de esta manera o híbrida. Así mismo los gobiernos de los países más desarrollados también se apuntan a esta forma limpia de conducir, como Francia, donde Emmanuel Macron ya ha anunciado que para el 2040 en su país no se podrá vender vehículos diesel o gasolina.

            Pero, ¿qué es el preciado litio? Se trata del tercer elemento de la tabla periódica; el metal más ligero que existe, tan ligero, que flota; tan blando, que puede cortarse con un cuchillo. Es tan antiguo como el propio Universo, pues es uno de los tres elementos que se sintetizaron durante el Big Ben, o eso dice la ciencia. Los otros dos serían el hidrógeno y el hielo; así de básica fue aquella implosión. Sus propiedades son, entre otras, la capacidad de reaccionar con mucha facilidad, lo que hace que siempre se encuentre formando compuestos con otros elementos. El carbonato de litio es el compuesto más común en la industria.

            Su atractivo en las baterías es que combina un gran potencial electroquímico con una baja masa equivalente, lo que permite que el espacio destinado a las baterías sea muy pequeño y ligero. Sus ritmos de carga y descarga son rápidos, algo interesante no sólo para cargar el móvil deprisa antes de salir de casa, sino para permitir grandes acelerones en los coches y una buena capacidad de recarga de energía en el frenado. El carbonato de litio también se utiliza en la industria cerámica, vítrea y farmacológica, donde pequeñas dosis de esta materia prima en altísima pureza son muy indicadas para los tratamientos del desorden bipolar.

            Yendo a la geografía, su distribución mundial es muy irregular; algo que también cabía esperar. Actualmente, el 70% de las reservas mundiales de litio procede de dos explotaciones. Una de ellas se encuentra en los depósitos australianos de espodumena, un silicato rico en este metal, pero sobre todo encontramos litio disuelto en las salmueras de los salares sudamericanos, las reliquias geológicas de los antiguos mares interiores convertidos hoy en desiertos de sal.

            Los enormes salares que hay en la triple frontera de Chile, Bolivia y Argentina contienen más de la mitad del litio detectado a escala mundial; una zona conocida de hecho como el Triángulo del litio o la apodada como la “Arabia Saudita del litio” por la revista Forbes. Y el mayor depósito de esta zona es el salar boliviano de Uyuni, a 3.700 m de altura, con una blanquísima superficie que se conforma por celdas hexagonales  de aproximadamente un metro y con casi 11.000 km2 de extensión, la misma superficie que el Principado de Asturias o la Región de Murcia.

            Por supuesto su precio ha ido aumentando en los últimos años. Si en el 2000 la tonelada se pagaba a unos 2.000 dólares, en la actualidad ronda los 10.000. El gobierno boliviano afirma que pone especial atención en que la riqueza quede dentro del país, y “que no se repita otro Potosí”, decía el presidente Evo Morales cuando hace unos años comenzaba la explotación. Su plan de control estatal no está reñido con abrir las puertas a la inversión extranjera, que en palabras de Morales se reducía a la frase de “socios pero no patrones”.

            El modelo de explotación es lento pero barato. Se trata de precipitar naturalmente los componentes disueltos en la salmuera mediante fases de piscinas interconectadas de unas 30 hectáreas cada una. Por acción solar, es decir por evaporación, en la primera piscina se precipitan las sales del cloruro de sodio; luego cristaliza la silvanita, que contiene cloruro de potasio que se vende como fertilizante; no es hasta la cuarta piscina y las siguientes que cristaliza el sulfato de litio. Para ese momento ya han transcurrido varios meses.

            En otras partes del mundo el litio se encuentra en forma de mineral, y no de sal, y su método de obtención es completamente distinto. En Australia la producción es el doble de cara (unos 4.500 dólares por tonelada) ya que debe extraerse, triturarse y pasarlo por una cadena de procesos de separación. En Serbia se está comenzando una explotación de jadarita, otro silicato rico en litio, descubierta en 2006. Para más información del litio en aquel punto del planeta el lector curioso puede pinchar en el enlace que se coloca en el apartado Fuentes.

            Asegurar una producción estable y que cubra la demanda es el requisito para estas explotaciones, y una prioridad para las compañías tecnológicas de Asia y EEUU. De hecho, según Tesla, este es el cuello de botella que impide satisfacer que se lleve a más la producción de vehículos eléctricos. No obstante, el ser humano se muestra ávido de encontrar nuevas vías de actuación para continuar con su evolución, y para intentar solucionar la escasez, Tesla ya ha construido un gigante factorial, Gigafactory, en el desierto de Nevada (EEUU), que desde 2017 produce baterías a gran escala a partir del litio que se puede obtener en aquel páramo. Controlar todos los procesos de producción le permite a la empresa automovilística reducir sus costos en un 30%, y para el próximo año ya está previsto que se triplique su producción, para alcanzar los 1,5 millones de vehículos anuales.

            Si el litio es el petróleo del futuro, no nos extrañemos si a corto plazo vemos que los puntos candentes de los conflictos armados se desplazan a otros puntos del planeta, moviendo estrategias geopolíticas y cambiando las relaciones internacionales entre países.

            FUENTES:

- El interés estratégico de la UE en la jadarita serbia, Fernando Ruiz Domínguez, Instituto Español de Estudios Estratéticos, boletín electrónico publicado el 11-VI-2013: www.ieee.es/Galerias/fichero/docs.../DIEEEO54-2013_Proyecto_Jadarita_F.Ruiz.pdf                         

- “Un tesoro de litio”, Jordi Busqué. Revista dominical Magazine, publicada el 4-II-2018, diario El Mundo.

 

 

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