EL LEVANTAMIENTO CATALÁN DEL 6 DE OCTUBRE DE 1934. Por Gabriel Peris Fernández.

05.10.2014 20:20

 

                Cataluña no era ningún oasis de paz en tiempos de la II República. Las tensiones agrarias estaban a flor de piel, y los cultivadores de las viñas andaban a la greña con los propietarios de sus tierras. La depresión económica puso las cosas todavía más difíciles, y el anarquismo se mostró bastante combativo.

                Desde 1932 disponía de un gobierno autónomo, ejercido por ERC, en aquel tiempo no independentista a nivel general. A la muerte del carismático Macià la presidencia de la Generalitat recayó en un veterano abogado laboralista, Companys. Impulsó la Ley de Contratos de Cultivo, aprobada en el parlamento catalán el 21 de marzo de 1934, pero el 8 de junio el Tribunal de Garantías Constitucionales la invalidó. Las propias Cámaras de Comercio catalanas lo habían alentado para defender los intereses de los grandes propietarios.

                Desde 1933 los partidos de izquierda habían sido desplazados por los de derechas en el parlamento nacional de Madrid, deteriorándose las relaciones con la Barcelona autónoma. Se temía que la joven República terminara en manos de antirrepublicanos que la desguazaran por dentro al estilo austriaco o alemán. Entre las izquierdas creció la idea de evitarlo dando un golpe preventivo en caso de urgencia.

                El presidente de las Juventudes de Esquerra Estat Català, Josep Dencàs, fue encargado por Companys de la consejería de gobernación el 28 de junio del 34. Fervoroso nacionalista que había dirigido las fuerzas partidistas de los escamots, se puso manos a la obra. Disolvió la unidad de orden público del sometent por considerarla demasiado derechista, hizo dimitir a los jefes de las fuerzas traspasadas a la Generalitat que no comulgaban con sus ideas, se preocupó de conseguir armamento, proyectó una leva de cuatro mil hombres en Barcelona y estableció un plan de control de la ciudad condal a través de la toma de sus principales puntos. Llegó a diseñar una galería subterránea para escapar de allí en caso de derrota.

                La carencia de armas en cantidad suficiente y los titubeos de Companys frenaron sus planes. Aunque los republicanos españoles los contemplaron con benevolencia, los anarquistas no se sumaron a ellos.

                El 4 de octubre se anunció en Madrid la entrada en el gobierno de la temida CEDA, y el levantamiento izquierdista tuvo comienzo. Las primeras localidades catalanas que se alzaron fueron el Morell y Vilanova i la Geltrú, muy afectadas por la cuestión vitivinícola. La noche del 5 al 6 Gerona y Lérida también se sumaron.

                A las 8.30 horas de la mañana del sábado 6 Companys radiaba en Barcelona un mensaje en el que proclamaba l´Estat Català de la República federal española. Presentaba Cataluña como un baluarte de las amenazadas libertades republicanas españolas, pero en tierras de Tarragona los insurrectos combatían por la República Catalana bajo l´Estelada. En la capital catalana los afiliados del Centre Autonomista de Dependents del Comerç i de la Indústria (CADCI) se sumaron con gusto al movimiento.

                Cosa que no hicieron muchos catalanes, como el tarraconense general Batet, la principal autoridad militar en el territorio. Resistiéndose a las sugestiones de Companys como general de Catalunya, declaró el Estado de Guerra. Sus tropas se desplegaron por las Ramblas y desde el Parc de la Ciutadella a la plaza de Sant Jordi. Las autoridades insurrectas fueron sitiadas en Gobernación, el Ayuntamiento y en el Palacio de la Generalitat, y sus llamamientos a que los campesinos patriotas rodearan Barcelona para aislar al enemigo cayeron en saco roto. El bravo Dencàs llegó a escapar antes de verse atrapado.

                Batet actuó con moderación, intimando a la rendición con disparos puntuales. El general Franco había propuesto desplazar cuatro destructores a Barcelona para desembarcar fuerzas de regulares y legionarios, así como emplear cruceros para bombardear la ciudad y aviación para atacar la Generalitat. Tras una noche de nervios, Companys cedió y a las 6 de la mañana del domingo 7 se entregó. Sería encarcelado junto a otros miembros de su gabinete, y el 2 de enero de 1935 la autonomía catalana sería suspendida tras no pocas discusiones.

                ¿Hay puntos de contacto entre el 2014 y el 1934? ¿Mereció la pena el levantamiento? Cada lector tendrá seguramente sus respuestas.

                

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