EL HORROR BÉLICO EN LAS CRUZADAS.

29.09.2023 13:36

 

                Las cruzadas distaron de ser un simple paseo militar, pues los sufrimientos de los combatientes llegaron a ser verdaderamente terribles. Asedios como el de Acre, durante la tercera cruzada, tuvieron más en común con las condiciones de los combates de trincheras de la primera guerra mundial que con una lucha caballeresca. En el invierno de 1190-1, según Imad al-Din, a través de Ibn al-Athir, las fuerzas cruzadas se vieron privadas de los suministros necesarios en medio de un terreno poco favorable:

                “Al volverse extremadamente insalubre la llanura (de Acre) y habérseles cerrado el mar (hubo) gran mortandad entre las filas enemigas.”

                Pronto el hambre atenazó a los cruzados:

                “Perdieron el sentido de la vergüenza a causa del hambre y que comían, a la vista de todos, cualquier despojo abominable que alcanzaran a encontrar, por asqueroso que fuera, ingiriendo cosas indecibles. Sus desesperadas bocas masticaban lo que no se permite engullir a los seres humanos como si fuera una delicia,”

                Entre la tropa hambrienta, entonces, el escorbuto hizo estragos:

                “Un mal se extendió por el ejército (…) a consecuencia de las lluvias, que habían arreciado como nunca, hasta el punto que la tropa entera había quedado empapada. Todo el mundo tosía y tenía la voz ronca. Las piernas y los rostros aparecían hinchados. Un día hubo que llevar a mil hombres en andas a la tumba; tenían la cara tan tumefacta que los dientes se les caían de la boca.”

                Fuente.

                Textos citados por Thomas Asbridge, Las Cruzadas. Una nueva historia de las guerras por Tierra Santa, Barcelona, 2019, p. 530.

                Selección de Víctor Manuel Galán Tendero.