EL DÍA DE DIFUNTOS Y LA RETRIBUCIÓN SACERDOTAL. Por Víctor Manuel Galán Tendero.

01.11.2019 21:44

                El Día de Difuntos, o de los Muertos, trae cada dos de noviembre a todos no pocos recuerdos de los que no están entre nosotros. Durante siglos, su celebración giró alrededor de las almas que permanecían en el Purgatorio, cuya idea se perfiló a partir del siglo XII al compás de las transformaciones económicas y los cambios intelectuales de la Europa Occidental. Honrar a las almas de los difuntos a través de misas consignadas en legados testamentarios ganó popularidad y la Europa católica de la Contrarreforma no prescindió un ápice de ello.

                La celebración de misa comportaba el cobro de honorarios, algo que a veces provocaba no pocos desencuentros con los seglares y entre los mismos sacerdotes. Consciente de tales problemas, el reformista pontífice Benedicto XIV (1740-58) decretó un breve el 3 de septiembre de 1748 a instancia de la corte española, válido para todos sus dominios. En consecuencia, la propia monarquía lo autorizó el 10 de agosto de 1749 desde el Buen Retiro.

                Todo sacerdote, secular o regular, debería de celebrar tres misas de difuntos aquella jornada, pasadas dos horas del mediodía. La segunda y la tercera misa, con la dedicación a todas las almas detenidas en el Purgatorio, no se cobrarían para desterrar toda sospecha de avaricia eclesiástica. Solo por la primera se podría percibir limosna.

                El mismo Papa se avanzó a toda alegación que pudiera entorpecer su aplicación, pues no se admitiría la excusa de la limosna espontánea, de la voluntad de los fieles, de la importancia de la celebración, de honrar debidamente a todos los difuntos, de aliviar la pobreza sacerdotal, de repartir limosna entre los necesitados o de cumplir otros deberes. Muchos estaban acostumbrados a burlar con argucias disposiciones poco favorables a sus intereses.

                El breve pontificio se anunció en la diócesis de Nuevas Cáceres, en Filipinas, un 2 de junio de 1750. Llegar a la otra punta del imperio español no era fácil. Tampoco lo fue lograr una piedad más sincera en un día de tanta relevancia como el de Difuntos.

                Fuentes.

                Archivo General de Indias.

                Audiencia de Filipinas, 293, N. 108.