EL COTIZADO BALLESTERO. Por Víctor Manuel Galán Tendero.

14.06.2020 10:04

                Los especialistas en el arte de la guerra siempre se han cotizado bien. Los mongoles, en sus conquistas, respetaron escrupulosamente la vida de todos aquellos que les pudieran aportar algún saber militar útil. Al fin y a al cabo, sus secretos siempre han sido de alto y trascendente valor.

                Las conquistas de los reinos cristianos de Hispania desplazaron a mucha población musulmana. Los que permanecieron, como es bien sabido, se convirtieron en tributarios, en mudéjares. Sin embargo, algunos musulmanes no lo consideraron un mal menor, sino una verdadera oportunidad de ganar reconocimiento profesional y honores.

                Calatayud contó con una importante comunidad mudéjar en el siglo XIII y en la misma se estableció el ballestero Muhammad. No conocemos de dónde procedía exactamente, pero su reputación era tan grande que el mismo Jaime I el Conquistador la reconoció legalmente.

                El 23 de septiembre de 1270, desde Valencia, lo exoneró de pagar impuestos reales como la questia, la peita o la cena. El honor era claro. Además, tampoco tenía el deber de participar en las obligaciones municipales del ejército y la cabalgada, por muy afamado ballestero que fuera.

                Su función fue la elaborar buenas ballestas y de adiestrar a sus tiradores, que podían convertirse en temibles adversarios, como ya habían comprobado los aragoneses en territorios como el valenciano años antes.

                Fuentes.

                ARCHIVO DE LA CORONA DE ARAGÓN.

                Real Cancillería. Registro 16, f. 215 v.