EL ASEDIO DE FUENTERRABÍA (1638).

16.05.2019 18:43

              

Los ejércitos de Francia atacan Navarra y Guipúzcoa.

                “Atento siempre el francés a despicarse en algo, de los muchos triunfos que las armas de España estos años han alcanzado de él y sus coligados.

                “Para esto juntó un numeroso ejército de diez y ocho mil infantes y tres mil caballos y una poderosa armada por mar. Intentó afligir a Navarra, y pareciendo allí había alguna resistencia, la encaminó a la provincia de Guipúzcoa, donde apareció vísperas de San Juan y hallando aquel país con poca prevención, ganó los Pasajes, en el día a Irún y Rentería en otro; son todos estos lugares abiertos: pasó a Fuenterrabía y sitióla, con las trincheras, baluartes y reductos, con el espacio y comodidad que le ofreció la falta de prevención, la mengua de resistencia. Impedía con su armada le entrase socorro alguno por mar. Fue este asedio de los más raros que se han visto en nuestros días, por haber durante setenta.

Los franceses asedian Fuenterrabía.

                “Trajo el francés gran cantidad de bombas de fuego, nueva diabólica invención, que arrojó a los cercados por seis días continuos, derribándoles muchas casas, y obligándoles a vivir en algunas cuevas que hicieron en la tierra. Para hacer resistencia al francés se convocó gente de todas partes, mandó Su Majestad al almirante de Castilla fuese por vicario general de las armas y al marqués de los Vélez que bajase con la gente que pudiese a Navarra, ejerciendo el mismo cargo que el almirante, en la distancia de este tiempo se pudo entrar algún socorro en Fuenterrabía por medio de algunos valerosos soldados, con evidente riesgo de sus vidas. Mandóse a don Lope de Hoces viniese con su armada, para estar al opósito de la de Francia, pero estando abrigado el puerto de Guetaria, y siendo el viento favorable a la armada francesa, armó unos navíos de fuego, que impelidos del viento entraron en el puerto y sin poder resistirlo quemaron trece de nuestros navíos.

Valor de sus defensores.

                “Fueron muchos los soldados que en este tiempo dieron a Fuenterrabía y fueran bastantes a desmayar otro ánimo que el español. Murió en el sitio don Miguel Pérez de Ejea, gobernador de la plaza, y sin que los daños que recibían en las minas, bombas y asaltos les obligasen al menor indicio de la flaqueza, obstinados contra el peligro, se conjuraron de morir o defender la plaza, ni mostraron menos valor las mujeres, haciendo prodigiosas hazañas, faltándoles municiones hicieron balas del peltre que tenían y lo que es más, de plata.

Los españoles intentan alzar el asedio.

                “En este tiempo se iban ya engrosando nuestros ejércitos, acometieron a los Pasajes, de que se retiraron los franceses aprisa martes 31 de agosto, batallándose con dieciséis mil infantes y seiscientos caballos. Determinaron los generales socorrer la plaza y habiendo dispuesto su ejército para ejecutar sus intentos el día siguiente a las cuatro de la mañana, fue tan rigurosa aquella noche de truenos, relámpagos y tempestades, que parecía se repetía otra vez el diluvio.

Se rechaza la rendición de la plaza.

                “Por esta causa fue forzoso retirarse el ejército y viéndole desordenado el francés, envió a convidar con honrados partidos si se rindiese la plaza. Pero Domingo de Guía su gobernador respondió urbano en su cortesía y español en el ánimo que entendiese el ejército de Francia le temía poco, y que eran todas las fuerzas del ejército francés muy limitadas para el valor que a los del presidio animaban.

Los franceses nuevamente intentan tomarla con enorme esfuerzo.

                “Con esta respuesta, el Condé hizo se diesen aquellos días tres asaltos, en que murieron muchos franceses, aunque en el último se avanzaron tanto que subieron hasta treinta a las murallas; pero excepto dos, pagaron los demás su temeridad con la muerte. Viendo el arzobispo de Burdeos, general que era del mar, los muchos franceses que morían y la poca reputación que en los asaltos ganaban, determinó dar el asalto el día de la Natividad de Nuestra Señora (8 de septiembre)  a las cuatro de la mañana. Admitiólo el Condé y estando ya a su cargo la acción, hizo dar fuego la víspera de la Natividad a una mina, en que había veintinueve barriles de pólvora, y aunque hizo una brecha en la muralla fue mayor el daño que hizo en los mismos franceses.

Las fuerzas españolas se preparan para el socorro de la plaza.

                “Ya en este tiempo tenían los generales dispuesto su ejército para socorrer a Fuenterrabía. Con este orden, divididos en tres trozos, encargósele al marqués de Mortara una colina que corre desde el Pasaje a Fuenterrabía, por la parte baja de la colina iban el almirante y el marqués de los Vélez con el grueso del ejército, llevando la vanguardia el marqués de Torrecusa, maestre de campo general de la gente de Navarra. Por esta otra parte de Irún marchó don Pedro Girón con su tercio.

Derrota de los sitiadores franceses y saqueo de sus bienes.

                “En esta disposición llegó nuestro ejército a afrontarse con el enemigo y el marqués de Mortara ganó una eminencia importante, el de Torrecusa ganados dos puestos encontró un reducto al remate de una trinchera. Era la fortificación del enemigo y aunque obligó a los nuestros a retirarse, dos veces les ganaron el puesto. Procuraron después rechazar a los nuestros, pero obligados de su valor, volvieron los franceses las espaldas, sin que en un instante pareciese francés vivo en la campaña, quedando muchos muertos en ella y cuatro medios cañones, con que habían hecho algún daño. Fue el pillaje para los soldados de importancia, por haber cogido la recámara del príncipe de Condé, su casaca y tusón. Al de Burdeos cogieron la recámara y cuatro mil doblones que había de repartir a sus soldados. Halláronse muchas joyas, cadenas, capotes de grana y otras cosas de monta. Los que faltaron de los franceses, según dijo un trompeta suyo, fueron más de seis mil, sin que de los nuestros faltasen treinta hombres aquella tarde.

Victoria española y recompensas dispensadas por Felipe IV.

                “A las cinco de ella entraron los generales en Fuenterrabía, se fueron a dar gracias a Dios y a su Santísima Madre por haberles dado más insigne victoria que supiera pintar su imaginación. Celebróse en Madrid la nueva con nunca visto regocijo y Su Majestad, acompañado de su corte, salió a caballo en público a dar las gracias a Nuestra Señora de Atocha. Ha hecho Su Majestad muchas mercedes a los señores y los soldados que se hallaron en la guerra, honrándolos como su valor merecía. El de los Vélez se volvió a Navarra a ejercer el cargo de virrey y el almirante entró en esta corte, saliendo toda ella a recibirle muy de gala y festejando muchos su valor, con aclamaciones públicas. Su Majestad dio título de ciudad a la invencible Fuenterrabía y a los de su regimiento hábitos de Santiago, a los hombres dos reales cada día y a las mujeres y a los niños uno, al gobernador una encomienda de dos mil ducados, hábito y título de Señoría y que goce perpetuamente su oficio.

                Fernando Díaz-Plaja, Historia de España en sus documentos. Siglo XVII, Madrid, 1987, pp. 165-166.

               Selección de Víctor Manuel Galán Tendero.

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