CRÓNICAS ASIÁTICAS. LOS CONTRAPRODUCENTES ELEFANTES. Por Víctor Manuel Galán Tendero.

15.05.2014 19:34

 

    Los elefantes han sido utilizados militarmente con relativa frecuencia por distintos imperios. Su aspecto imponente y su fuerza bien podían decantar la victoria en el campo de batalla. Sin embargo, Alejandro Magno y Escipión el Africano no se arredraron ante tan impresionantes criaturas. Tampoco lo hizo el menos conocido Nasir ud-Din, el formidable gobernador musulmán de la china Yunnán en nombre del Gran Khan tártaro Kublai, que recibió al mucho más célebre Marco Polo.

    En tierras del Norte birmano creció a lo largo del siglo XIII el poder del Imperio Pagán, colisionando con los igualmente expansivos tártaros, los grandes conquistadores del Asia coetánea. Pequeños Estados separaban a unos de otros en una tensa calma.

    El intemperante monarca birmano Narathipate no se condujo de forma conciliadora: ordenó sin pestañear la ejecución de los embajadores tártaros por presentarse ante él con las botas de montar puestas. Acto seguido invadió los pequeños Estados plegados al poder de Kublai.

    El emperador tártaro confió en su fiel Nasir, que al frente de contadas tropas de caballería partió a encararse contra un fabuloso ejército en número que alineaba hasta 2.000 elefantes, verdaderos castillos móviles que albergaban de 12 a 16 arqueros cada uno.

    En las planicies del río Irawady, tras cruzar abruptos terrenos llenos de peligros, le aguardaba el enemigo birmano, acogido a la seguridad de un poderoso campamento fortificado. Corría el año 1277 de la era cristiana. Muchos labriegos inexperimentados de Birmania habían sido forzosamente llamados a filas para detener a la mortífera caballería tártara, cuya brava reputación no ocultaba su inferioridad numérica clara en el terreno de Vochan.

    Los corceles de los tártaros se espantaron al ver a los elefantes por vez primera. Nasir ordenó descabalgar a sus jinetes, que se dispusieron a librar batalla como infantes. Los elefantes avanzaron como si de una formación de carros de combate actuales se tratara, prestos a imponer su dominio en el campo.

    A medida que se acercaron a los tártaros, Nasir mandó disparar contra ellos. Una lluvia de flechas, muchas incendiadas, se estrelló contra el ejército birmano. Carentes de protección en sus patas y áreas inferiores, los enormes elefantes la acusaron con especial agudeza. Espantados, rompieron su formación y se revolvieron enloquecidos contra las líneas posteriores de su mismo ejército. Cundió el caos. Los tártaros abandonaron su condición de peones para recuperar la de caballeros, y se lanzaron al asalto. Su victoria fue fabulosa, pese a no lograr someter al correoso Imperio Pagán, acreditando la certeza del gran Alejandro y Escipión el Africano. Cuando se ignora la Historia dificilmente puede ser la maestra de nadie.

Bibliografía.

AA. VV., Técnicas bélicas del mundo oriental, 1200-1860. Equipamiento, técnicas y tácticas de combate, Madrid, Libsa, 2009.

CHALIAND, G., Guerras y civilizaciones. Del Imperio Asirio a la Era Contemporánea, Barcelona, Paidós, 2006.

ROBERTS, J. M., Historia Universal, 2 vols., Barcelona, RBA, 2009.

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