CONFLICTO SOCIAL Y AUTORIDAD REAL EN LA GALICIA BAJOMEDIEVAL.

01.09.2017 11:20

 

               

                “Este Alonso de Lancones acudió en esta sazón al rey don Enrique Cuarto, y trajo provisiones de él para hacer hermandades en todo el reino de Galicia, así de labradores como de hidalgos, contra todos los caballeros y señores de Galicia, de tal manera que no permanecieron con ellos sendos servidores que les sirvieran. Los echaron de todas sus tierras y heredamientos, que ni un solo vasallo o renta les dejaron, les derribaron todas las fortalezas, teniéndoles cercados, tirándoles con grandes trabucos y otros pertrechos. Siendo capitán y gobernador de estas hermandades este Alonso de Lancones, que cada vez que actuaba se juntaban con él setenta hombres hidalgos y labradores (…)

                “Derribaron todas las casas de los hidalgos que iban con ellos, por donde vino causa de quebrantar estas hermandades. Duraron estas cosas y hechos en Galicia (…) por tiempo de tres años, poco más o menos. Nuestro Señor quiso herir con su disciplina a estos caballeros de Galicia, y pagado de ellos con piedad, y viendo las demasiadas crueldades de los villanos y la mucha desobediencia contra sus naturales señores y más contra los hidalgos que los ayudaban acatando la antigua enemistad que fue y sería entre hidalgos y villanos, juntándose con los señores dieron con los villanos en el suelo, haciéndoles pagar todos los daños y hacer todas las fortalezas mejores que al principio…”

                LOPE GARCÍA DE SALAZAR, Las bienandanzas e fortunas. Citado por J. A. García de Cortázar en Nueva historia de España en sus textos, Santiago, 1975, p. 725.

                “En la ciudad de Orense (en 1467), dentro, en la huerta del concejo de dicha ciudad, estando allí presentes, llamados por pregón, reunidos en su consejo Luis García y Gonzalo Pérez de Requeixo, regidores y jueces de dicha ciudad, Juan Cortido, regidor, Nuño de Ousende, alcalde mayor de santa hermandad de dicha ciudad y del obispado de Orense, y Alfonso Pérez y García de Ordées, alcalde de hermandad (…) y en presencia mía, el notario, y testigos bajo escritos (…) dijeron que por cuanto a dicha ciudad, vecinos y moradores de ella se les habían hecho y se les hacían aquí muy grandes costas y trabajos, así para defender esta ciudad y comarca a servicio del rey don Enrique, nuestro señor, como a pro, honra y defensa de la república de esta ciudad, por cuanto algunos caballeros e hidalgos quisieron y querían entrar en esta ciudad y tomar la justicia y señorío de ella (…) y era necesario socorrerse de los maravedíes de las alcabalas del dicho rey del año pasado como del presente y de tomar prestado a los fieles, recaudadores y arrendadores (de las) alcabalas…”

                Texto citado en Textos e materiais a Historia de Galicia a cargo de Ramón Villares y otros, Barcelona, 1990, p. 91.

                “El rey y la reina, movidos por las cartas y mensajeros que recibieron del conde de Benavente, por las que les hacía saber la rebelión del conde de Lemos, partieron de la ciudad de Córdoba para ir al reino de Galicia, a fin de proceder contra aquel conde por vía de justicia, porque otro no tomase ejemplo de ponerse en armas y mostrar rebelión a sus mandamientos, y además para reformar las cosas de aquel reino, donde los reyes de Castilla se lee haber ido pocas veces.

                “Y cuando llegaron a aquella villa (de Benavente), acudieron a su llamamiento todas las gentes de a pie y a caballo que enviaron llamar. Y mandaron sus cartas y mensajeros al conde de Lemos, que estaba en la villa de Ponferrada, por las que le mandaron que luego saliese de allí y la dejase desembargada de las gentes de armas que allí tenía, y viniese personalmente donde ellos estaban para estar a justicia sobre todo lo que le fuese demandado.

                “El conde, conocida la indignación que el rey y la reina mostraban contra él, por no incurrir más en su ira, deliberó de obedecer sus mandamientos…

                “El rey y la reina, visto como aquel conde, cumpliendo sus mandamientos, había comparecido ante ellos, movidos a piedad por las súplicas de aquellos caballeros, perdonaron la vida al conde; pero le mandaron que no entrase en el reino de Galicia por ciertos años y que pagase el sueldo y las costas de habían hecho todas las gentes de armas que el rey y la reina habían mandado estar de guarnición contra él todo el tiempo pasado…

                “Hechas y concluidas estas cosas con aquel conde, el rey y la reina entraron en el reino de Galicia, en el que habían puesto por gobernador a don Diego López de Haro, y visitaron la iglesia del apóstol Santiago, y la dotaron de sus dones magníficamente. Y después fueron a la ciudad de La Coruña y a algunas otras ciudades y villas de aquellas comarcas. Y como quiera que los gobernadores y justicias que en aquel reino habían puesto los años pasados y los que ahora estaban habían ejercitado algunas justicias y lanzado muchos malhechores de la tierra, el rey y la reina oyeron y remediaron grandes querellas y fuerzas hechas de mayores a menores. Supieron asimismo cómo muchos caballeros tomaban las rentas de las iglesias, de los monasterios y de los clérigos, que de largo tiempo se las habían apropiado incorporándolas a sus rentas patrimoniales, sin tener para ello otro título salvo la fuerza que ejercían.

                “Hallaron asimismo que algunos caballeros se hacían comendadores de los monasterios y por fuerza les tomaban cierta renta por aquel cargo de la encomienda. Asimismo, oyeron muchos crímenes y delitos cometidos por los moradores de aquella tierra, así clérigos como legos. Y según fueron informados de todas estas cosas, mandaron luego derribar hasta veinte fortalezas, de las que fueron informados que se habían hecho algunos robos y fuerzas…

                “Y reformadas y puestas en orden todas las cosas de aquel reino, dejaron en éste por gobernador y justicia a don Diego López de Haro, que antes habían puesto. Y además dejaron con él cuatro doctores de su Consejo, que de continuo estuvieran en aquel reino y tuvieran audiencia de justicia y la ejecutasen…

                “Y mandaron salir de aquel reino algunos caballeros naturales del mismo, que entendieron ser cumplidero a su servicio y al estado pacífico de la tierra. Y mandaron a otros venir a la guerra de los moros, y estar en las villas y castillos fronteros, porque su estada en aquel reino no fuese impedimento a la buena gobernación y administración de la justicia…”

                FERNANDO DEL PULGAR, Crónica de los Reyes Católicos. Edición de Juan de Mata Carriazo y estudio preliminar de Gonzalo Pontón, Granada, 2008, pp. 245-248.

                Selección y adaptación de Víctor Manuel Galán Tendero.

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