¿CÓMO HAN LLEGADO LAS REPÚBLICAS A ESPAÑA? Por Víctor Manuel Galán Tendero.

02.06.2014 17:15

    Hoy día 2 de junio del 2014 vivimos una jornada histórica. El rey don Juan Carlos I ha abdicado. Los grupos más izquierdistas alzan la bandera del republicanismo y piden un referéndum sobre la forma de Estado. La prensa italiana ha apuntado que su avance en las pasadas elecciones europeas ha acelerado el paso hoy anunciado. La enseña tricolor de estas formaciones no debería hacernos olvidar otro aspecto de la realidad, no siempre reconocido: los conservadores han favorecido en más de una ocasión la proclamación de la República en España.

    A comienzos de 1873 los republicanos federalistas carecían de la fuerza necesaria para derribar la Monarquía, pero la abdicación de un desilusionado Amadeo I, que temía acabar como Maximiliano de Austria en México, forzó a los prohombres del liberalismo a aceptar la solución republicana. Los devaneos y las maniobras políticas de Alfonso XIII le enajenaron el apoyo de no pocas personas de orden, como el general Sanjurjo, que se negó a desplegar la Guardia Civil para proteger su trono ante el trato dado a Miguel Primo de Rivera. Antiguo ministro de justicia de Alfonso XIII, Niceto Alcalá-Zamora se convirtió en el primer presidente de la II República, ejerciendo su potestad de disolución de las Cortes, según sus críticos, como si fuera un rey con atribuciones moderadoras. Dolido por su destitución, su consuegro Queipo de Llano se alzaría en armas contra la República en la Sevilla de 1936.

    No todas las familias del régimen franquista vieron con buenos ojos el monarquismo. El propio Franco, cuyo padrino de bodas había sido el propio Alfonso XIII, lo aceptó como una solución de compromiso en clave de sucesión tras la derrota de las potencias del Eje. En los comienzos de la Transición los inmovilistas del Bunker, semillero del futuro neofascismo español, insultaron con brío al hasta hacía bien poco príncipe don Juan Carlos, tachándolo de traidor.

    La sintonía manifestada entre don Juan Carlos y Felipe González durante muchos años no se hizo presente en los tiempos de José María Aznar. Desde ciertos medios de comunicación conservadores se criticó con acidez que el rey no acelerada la marcha de un Felipe González acuciado por los casos de corrupción. Ya en el gobierno el propio Aznar discrepó de la línea de don Juan Carlos en temas de política internacional como Cuba. Los vínculos del grupo del entonces presidente con Miami colisionaron con la maniobrabilidad real en el exterior, acrecentada tras la Guerra de Kuwait por expreso deseo de EE. UU. En el espinoso tema del luctuoso atentando del 11-M se ha llegado a hablar de información privilegiada de la Casa Real, no compartida debidamente con el gobierno.

    La prensa y la radio más conservadoras han dejado caer de vez en cuando algún que otro dardo envenenado contra la figura del rey. Pretendió gozar de mayor poder constitucional cuando se elaboraba la Carta Magna de 1978, organizó en la sombra la trama del 23-F para enderezar el rumbo político de España, etc. El vidrioso problema catalán ha ahondado el foso: la prudencia real sería en el fondo un vergonzoso entreguismo para salvar ciertos negocios privados inconfesables, en la estela del caso Urdangarín y Cristina de Borbón.

    Consciente de esta pérdida de apoyos don Juan Carlos ha reaccionado, optando por una opción que iba ganando adeptos desde que Benedicto XVI abandonara el solio pontificio. La abdicación le permite asesorar al próximo Felipe VI sin verse ensuciado por los escándalos de los últimos tiempos. En su discurso de despedida se ha mostrado firme partidario de que su hijo pilote la Segunda Transición, una tarea complicada que exige la depuración a fondo de la Casa Real. De sus palabras y de las recientes de Mariano Rajoy se desprende la idea de la reforma constitucional, antes sólo acariciada desde las filas socialistas. ¿Se está pensando en una Comunidad Hispánica de Naciones con una figura egregia a su frente? De ser así se volvería a la idea de la actualización de los Derechos Históricos en la línea de Miguel Herrero de Miñón, hombre próximo a don Juan Carlos.

    Fukuyama se equivocó al proclamar el fin de la Historia en unos años en que don Juan Carlos ha pasado de ser digno sucesor de Carlos III a triste émulo de Isabel II. Hoy ha querido interpretar a un agotado Carlos I, que harto de su imperio y de las peleas familiares abdicara en su hijo don Felipe. No es nada seguro que el hombre que ha reinado en España desde 1975 se retire a la paz de Yuste. En nuestro agitado país el advenimiento de la III República sería de todo menos simple y vulgar.

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