COMBATIR A CAMBIO DE PERDÓN, LOS HOMICIANOS. Por Víctor Manuel Galán Tendero.

17.05.2020 11:25

 

                La violencia conmovió de forma recurrente la Europa feudal, hasta tal extremo que algunos autores la han explicado como elemento insustituible de su sistema judicial, más allá de la aplicación de la pena de muerte. Los guerreros, acostumbrados a dirimir por la fuerza sus pleitos o simplemente a ajustar cuentas así, pudieron expiar culpas tomando parte en las cruzadas. Las tensiones sociales alimentaron las conquistas desde Tierra Santa a Hispania y las aminoraron posteriormente en cierta medida.

                La expansión de los reinos cristianos hispánicos permitió que muchos tipos de acción, con un pasado difícil, pudieran iniciar una nueva vida. En una tierra fronteriza, donde el riesgo fue el pan nuestro de cada día, sus agresivas dotes resultaron bienvenidas. Cuando muchas plazas corrieron el riesgo de perderse por un golpe de fortuna, se buscó la presencia allí de aquellos varones turbulentos, los homicianos, a los que se les brindó el derecho de asilo, extendido en Castilla en tiempos de Alfonso XI y recogido en fueros como el de Alcalá la Real (1341).

                Durante la Baja Edad Media, la alargada frontera con el emirato de Granada atrajo a muchos batalladores. Los combates de parcialidades por el control de numerosos municipios hispánicos fueron una cantera de aquéllos, de la que pudieron disponer los reyes con condiciones. Los de Aragón enrolaron homicianos como almogávares. En 1393, Juan I acudió a tales fuerzas para la campaña de Cerdeña. Orihuela le ofreció cuarenta, que serían indultados de no haber incurrido en crimen de lesa majestad, traición, quebranto de caminos, herejía, sodomía, falsificación de moneda o agresión a comunidades judías.

                Los homicianos cristianos cruzaron la frontera y en las granadinas Huércal y Overa, en el dar al-islam frente a Lorca, fueron protegidos por el sultán contra toda reclamación de justicia. En la carta bermeja vieron reconocido su perdón a cambio de un servicio que podía durar cinco años. Algunos de ellos llegaron a ser alcaides y a ocupar una posición relevante.

                Los Reyes Católicos supieron hacer buen uso del privilegio de homicianos, excluyendo la alevosía, traición y muerte segura. Maquiavelo lo reconoció como ejemplo de la sabiduría política de don Fernando, el gran príncipe. Para pacificar y controlar Galicia, Asturias, Álava o Vizcaya se dispensaron numerosos perdones.

                En 1486 se otorgó uno a muchos gallegos batalladores para combatir en la guerra de Granada, que se prorrogó en 1488 al no haber servido en la campaña del año anterior. El gobernador de Galicia Diego López de Haro recibió poderes al efecto y los homicianos gallegos lucharon en el asedio de Baza de 1489, sin poder ser molestados posteriormente.

                Su período de servicio fue de ocho meses en Alhama, nueve en Santa Fe, diez en Jimena y Teba, y año y día en Antequera.

                Los movimientos de los homicianos tuvieron un radio muy amplio, mucho más allá del frente granadino. Íñigo de Rojas acudió a Bretaña en 1489. En los tratos diplomáticos con Portugal en 1495, los Reyes Católicos tuvieron que tenerlos presentes, al igual que en las campañas norteafricanas y en las de Nápoles.

                Se otorgó en 1507 el privilegio de asilo de homicianos en Mazalquivir, conquistada en 1505. Según el delito, se estableció el tiempo de servicio: de cinco meses por destierro o de diez por corte de miembros. Las cinco leguas a la redonda fue su radio de aplicación,  distinguiéndose entre el caballero y el peón en aquellas circunstancias.

                Para defender los llamados presidios o puntos fuertes del imperio español, como Orán, se recurrió en los siglos de la Edad Moderna a los condenados por ciertos homicidios, Con gentes así se formaron en 1680 batallones con destino a Nápoles y Milán. En la guerra de la Independencia y en años posteriores, ilustres bandoleros fueron indultados por luchar contra los napoleónicos o los enemigos políticos de turno. La cuestión de matar dependió, pues, del momento.

                Fuentes y bibliografía.

                ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS, Registro del Sello, legajo 148810 (37) y 149003 (420).

                Jiménez Alcázar, J. F., “La frontera de allende. Documentos para su estudio: el privilegio de homicianos de Mazalquivir (1507)”, Chronica Nova, 20, 1992, pp. 343-360.

 

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