CARLOS V Y EL DESAFÍO CABALLERESCO DE FRANCISCO I (1528).

15.09.2017 15:42

 

                “Y durante estas cortes (las de Monzón) otra vez vino el rey de armas del rey de Francia que la primera vez vino a Burgos, el cual, porque el emperador pedía al rey de Francia que cumpliese y mantuviese no solamente las cosas que públicamente por escrito prometió, suscribió y con juramento confirmo, mas aunque cumpliese otras cosas que de secreto entre ambos reyes por el rey de Francia fueron prometidas al tiempo que de Madrid iban para Illescas para hacer el casamiento del rey de Francia con la reina doña Leonor, hermana del emperador, dijo de parte del rey de Francia al emperador por palabras deshonestas y al fastidio real de Francia, no condignas, que ninguna de aquellas cosas él no prometió y que todas aquellas cosas eran falsas, y que lo fiaría verdad en campo, peleando uno por uno con el emperador, para esto así hacer, provocando al emperador para esta batalla de uno por uno, sin vergüenza ni empacho alguno. El cual desafío luego se dio por escrito al emperador.

                “El emperador, tomado el cartel de desafío, tomado primero y sabido el consejo y parecer de todos su consejeros y de todos sus capitanes y grandes señores de sus reinos, de muy buena gana aceptó el desafío, afirmando que todas las cosas que pedía al rey de Francia pasaban en hecho y verdad, y que lo haría confesar al rey de Francia, compeliéndole a ello en la batalla o reto que habían de tener, o le cortaría la cabeza quitándole de su cerviz. Y habida esta respuesta del césar emperador, se fue aquel rey de armas para su señor, siendo muy bien tratado acá.

                (…)

                “Y como estuvo (Carlos V) algunos días en Madrid impedido y ocupado de muchos grandes y arduos negocios de estos reinos, no puso en olvido el desafío que el rey de Francia le hizo que combatiesen e hiciesen armas uno por uno, antes puesto su pensamiento sobre este hecho y en las cosas que a esto tocaban.

                “Tenía mandado hacer un puente muy fuerte, firme, solidísimo de madera en el río Bidasoa, que cabe la villa de Fuenterrabía entra la mar y parte las Españas de la Galia o Aquitania, donde estatuyó que fuese el lugar de la batalla que habían de hacer ambos reyes de España y Francia, porque era muy seguro y más expedito lugar a ambos reyes, que cada rey de su reino atrás podía entrar en el dicho puente. Era tal lugar que ninguno de los reyes se podía hacer ayuda ni engaño sin que por el otro fuese sabido y visto para poder quitar la tal ayuda y el engaño, que el uno al otro quisiese hacer.

                “Lo cual, así concertado, envió al rey francés que a la sazón estaba en la ciudad de París su mensajero, que comúnmente se dice rey de armas, para que le dijese y notificase el lugar asignado para la pelea que habían de hacer ambos reyes, y para que se requiriese que eligiese las armas y el día en que y con que se había de hacer la dicha batalla, conforme al uso y costumbre, aprobase que en semejantes campos y batallas se suele tener, que es que el uno escoja el campo y el otro las armas.

                (…)

                “Y es que después de habido por cierto lo que pasó en Nápoles y Capua, donde se desbarataron los franceses y fueron presos, también volvió a España el rey de armas, que fue al rey de Francia que estaba en París para asignarle lugar de campo. El cual dijo al emperador cómo fue por muchos días detenido en Francia sin que le dejasen ir a París. Y llegado a París, también le detuvieron por algunos días sin que le dejasen ver ni hablar al rey de Francia. Y, finalmente, cuando le asignaron día para que hablase al rey y decirle el mensaje que llevaba de su majestad de asignarle el día y lugar de batalla, el rey de armas, vestido de las imperiales insignias, entró en el palacio real y fue llevado al lugar donde estaba el rey de Francia con los grandes señores de su reino, y como allí el rey de armas, después de dichas las palabras graciosas que en principio se acostumbran a decir, y como comenzó a decir el efecto de su mensaje, que era asignarle lugar de la batalla en continente, el rey comenzó a murmurar, diciendo: traes campo seguro, traes campo seguro. Como el rey de armas respondiese traigo, traigo, oyéndolo súbita y arrebatadamente se quitó el rey de la silla donde estaba, y entró en la cámara, no queriéndolo más oír. Y desde entonces nunca más pudo ver el rey de armas al rey de Francia.

                “Empero que a muchos palacianos cortesanos que allí estaban les dijo la sustancia del mensaje que traía del emperador para el rey de Francia, asignándole lugar seguro para la batalla y que todo ello parecía muy abiertamente por muchos testimonios de notarios que había tomado.

                “Y esto así sabido el emperador, asignó ayuntamiento de los de su consejo y grandes señores de sus reinos y otros muchos nobles sabios en semejantes hechos para día señalado. Ante los cuales mandó que el rey de armas dijese por orden todas las cosas que acaecieron con el rey de Francia. Y así, oída la verdad de lo que el rey de armas dijo que hizo en Francia, conforme y cómo a su oficio incumbía, cómo el emperador le apremiase a todos que le dijesen y aconsejasen lo que debía en aquel hecho hacer, todos le dijeron de un acuerdo que ya el emperador había cumplido de su parte bastante y no tenía más que satisfacer a su honor y a lo que debía hacer, y no curase más de ello, pues notoriamente el rey francés dilataba la respuesta y la obra.”

                De Enrique IV al emperador Carlos. Crónica anónima castellana de 1454 a 1536. Edición a cargo de José Manuel Nieto Soria, Madrid, 2015, pp. 225 al 232.

                Selección y adaptación de Víctor Manuel Galán Tendero.

                

 

 

 

 

 

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