BREXIT, EL EFECTO MICHAEL CAINE. Por Gabriel Peris Fernández.

24.06.2016 22:44

                

                Mañanita de San Juan que cantaba el romancero y los noticiarios nos vienen con romances de los serios. De aquí a poco las Andalucías volverán a tener frontera de las recias, pero no con los moros granadinos que tantas tardes de gloria dieron al romancero, sino con los gibraltareños, que tienen muy claro que antes turcos que papistas. Como ya saben, pues la tele no para ni debajo del agua, el referéndum de permanencia británica ha sido ganado por los que quieren partir pajas.

                A Cameron le ha caído el peso de la Historia, el de una voluminosa biblioteca digna de Oxford. Hoy hasta los torpes más torpes lo llaman estúpido. Es la desgracia de pasarse de listo. Cuando en su momento convocó el referéndum de Escocia, me pareció un tipo inteligente, capaz de afrontar riesgos muy serios con tal de coger el toro por los cuernos. Otros gobernantes de países de tradición más taurina no han tenido sus arrestos. Ahora la suerte le ha sido adversa a este jugador de ruleta. No siempre Bond termina en la cama con la rubia de aterciopelado pelo y turgentes senos.

                El 007 con licencia para suicidarse ha sido derrotado por un tipo de orígenes humildes capaz de tirar hacia delante con su buena dosis de patrioterismo, directo y poco dado a la burocracia: Michael Caine, el gran actor capaz de actuar en cualquier tipo de película. Es una clase de persona que se siente más cómoda en los Estados Unidos que en la Unión Europea, como muchos ejecutivos británicos surgidos de la revolución conservadora del thatcherismo. Aunque ha vestido varias veces la casaca roja de los soldados de su majestad, contra los zulúes y otras gentes, el bueno de Michael no sintoniza con los neonazis perseguidores de la inmigración, los que escupen contra pobres personas que malviven en las áreas metropolitanas y se comportan de manera vergonzosa en sus vacaciones en España, cuyas gentes no les merecen la más mínima consideración en su particular orgía alcohólica.

                El no a Europa ha ganado por esa combinación tan británica de orgullo y prejuicio, de querer ir a la suya aunque se lleven a las espaldas películas dignas de olvido. El mayordomo de Batman ha ganado el pleito en la magistratura de trabajo y el golpe en Italia ha vuelto a tener éxito, pese a que tu autobús se balancee en la carretera a punto de despeñarse. No en vano también viaja Benny Hill. Eso sí, antes de llorar por los accidentados, piensen que los tratados pueden arreglar un roto, un descosido y una perfecta estupidez.

                

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