ANTORCHA, LOS ALIADOS SE APRESTAN AL DESEMBARCO EN ÁFRICA.

31.07.2019 16:05

                A comienzos del verano de 1942, el III Reich se enfrentaba a Gran Bretaña, la Unión Soviética y Estados Unidos. Su aliada Italia carecía de una fuerza pareja y el Japón imperial se encontraba comprometido en los frentes del Pacífico y Asia. Su posibilidad de victoria se alejaba, pero los aliados no veían con claridad su triunfo en aquel momento.

                Los soviéticos, antes de la gran batalla de Stalingrado, ya reclamaban a británicos y estadounidenses la apertura de un nuevo frente de combate que aliviara la presión alemana. Con toda la fuerza de su nación, el Estado Mayor norteamericano sabía que sus tropas todavía no se encontraban bien preparadas para la acción y hasta la primavera de 1944, al menos, no se podría descargar un golpe decisivo contra el III Reich en Europa Occidental, máxime con las acciones de los submarinos alemanes en el Atlántico. Con todo, era necesario emprender alguna acción, aunque no tuviera la envergadura del ataque determinante.

                A mediados de julio de aquel año, se reunieron los jefes de Estado Mayor de Gran Bretaña y Estados Unidos. Eisenhower nos refiere la necesidad y oportunidad de ambos aliados de combinar adecuadamente sus fuerzas para ganar la guerra.

                Se discutieron tres posibles opciones. Desde la ruta del cabo de Nueva Esperanza se podía fortalecer a los ejércitos británicos en el Oriente Próximo para atacar al Eje en Libia. Fuerzas aliadas, en una segunda alternativa, podían desembarcar en el Noroeste de África, en el área de la Francia de Vichy. Los estadounidenses, con todo, se inclinaban a atacar el Noroeste francés a pequeña escala. Años más tarde, el propio Eisenhower reconoció que la toma de Cherburgo a los alemanes no hubiera dispensado ventajas apreciables y sí muchos inconvenientes. Sin embargo, en aquel momento muchos oficiales estadounidenses lo consideraron una subordinación a los intereses británicos en el Mediterráneo. El presidente Roosevelt se tuvo que imponer para que secundaran esta estrategia de ataque indirecto a la fortaleza nazi, pues temía que la opinión pública de su país se despreocupara en cierta manera de la suerte de Europa para centrarse en la lucha contra los japoneses.

                El 25 de julio se aprobó la segunda opción, finalmente. Se le puso el nombre de Operación Antorcha. Desde Washington se temió que los británicos fueran mal recibidos por los franceses que habían aceptado la capitulación tras los sucesos de Orán, Dakar y Siria. La antigua rivalidad colonial podía convertirse en un obstáculo. Por si fuera poco, los estadounidenses conocían poco el territorio de operaciones y solo contaban con escasas semanas para prepararse.

                Gibraltar era la única posición de los aliados en el área, donde se concentraría su aviación, pues su número de portaviones era reducido. Cabía el riesgo que desde el territorio español se atacara la posición, fuera por la llegada de tropas alemanas a la Península o por la entrada en guerra de la España de Franco, oficialmente No Beligerante. Los británicos conocían el estado de ánimo de la población española tras la Guerra Civil y las dudas del régimen acerca de romper las hostilidades, pero no se podía asegurar nada.

                Con medios navales circunscritos y la aviación ubicada mayoritariamente en Gibraltar, se acordó desembarcar en Casablanca, a despecho del oleaje otoñal atlántico, y en Orán-Argel. Por mucho que agradara a Eisenhower, Túnez quedaba demasiado lejos para los cazas aliados a la hora de dispensar cobertura aérea.

                La toma de Casablanca dispensaría a los aliados el control de la terminal de la línea de ferrocarril que llegaba hasta Túnez, que en caso de ofensiva alemana desde España les permitiría mover sus fuerzas con mayor soltura y ofrecer una línea de contención. Además, tan contundente logro disuadiría a la España de Franco y a los marroquíes sometidos a los franceses a tomar partido contra los aliados. Aun así, se trazaron planes de intervención contra España, la operación Columna vertebral, que hubieran puesto en movimiento fuerzas mecanizadas contra el Marruecos español y ataques aéreos a la Península.

                Como Bona se encontraba muy al Este, la otra parte del esfuerzo en forma de tenaza se realizaría contra Orán y Argel, plazas muy oportunas para la aviación aliada. Se pensaba ganar la voluntad de los 200.000 soldados franceses en la región, por mucho que De Gaulle levantara vivas antipatías en muchos oficiales. De esta manera, el  Eje podía verse privado de una importante plataforma naval, se auxiliaría Malta y la ruta de Buena Esperanza sería abandonada por una más corta y efectiva. Al temperamental Patton se encomendó el desembarco en Casablanca y por parte estadounidense a Fredendall en Orán y a Ryder en Argel. El 8 de noviembre de 1942 los aliados tomaron tierra. Los servicios de inteligencia españoles habían avisado a los alemanes de la certidumbre del ataque, pero los alemanes no supieron analizar la cantidad de datos recibidos y la guerra marcó un giro contrario al Eje.

                Bibliografía.

                Eisenhower, D. D., Cruzada en Europa, Barcelona, 2007.

                Víctor Manuel Galán Tendero.

               

                              

 

 

Contacto