¿FUE EFECTIVO EL BLOQUEO CONTRA ALEMANIA EN LA GRAN GUERRA? Por Víctor Manuel Galán Tendero.

29.05.2020 13:43

               

                La economía puede ser un arma tan afilada como la que más. Sin un buen suministro es imposible ganar una guerra y quienes se han enfrentado en los campos de batalla a lo largo de la Historia lo han podido comprobar.

                Cuando estalló la Gran Guerra, Europa vivía un intenso momento de industrialización, que cambió por completo la manera de luchar. Aunque la planificación de los recursos era mucho más compleja que cien años antes, Gran Bretaña se fijó en su experiencia durante las guerras napoleónicas, una vez librada la primera batalla de Ypres, del 19 de octubre al 30 de noviembre de 1914.

                Al anunciarse un enfrentamiento más prolongado de lo esperado, se pensó en aplicar un bloqueo económico a Alemania. Gran Bretaña podía alinear acorazados a lo largo de veinticinco kilómetros y sus responsables creyeron de lo más oportuno utilizar tal poder naval, desde el lord del Almirantazgo Winston Churchill al secretario Maurice Hankey.

                El bloqueo ahogaría las exportaciones alemanas, que serían desbancadas del mercado iberoamericano a favor de los británicos. Con el dinero logrado, Gran Bretaña mantendría la guerra mejor y ayudaría económicamente a sus aliados, al modo de los tiempos napoleónicos, minimizando sus pérdidas.

                Los británicos consiguieron detener unos 900 mercantes alemanes y aumentaron sus exportaciones de 474 a 527 millones de libras entre 1914 y 1917. Hasta 1951 no volverían a lograr tal volumen. Con todo, no consiguieron doblegar a los alemanes por este camino.

                Ante el bloqueo de su comercio, sus grandes compañías y bancos se esforzaron en la producción bélica bajo los criterios del Ministerio de la Guerra. Se fortaleció su organización económica.

                Como la Declaración de Londres de 1909 prohibía cortar las importaciones de alimentos, el bloqueo perdió efectividad según ciertos autores, a despecho de la declaración del Almirantazgo del 26 de agosto de 1914. Alemania comerció con los neutrales Países Bajos sin grandes problemas. Los barcos de las naciones neutrales podían resistirse a las inspecciones británicas. Incluso las alambradas podían ser declaradas como elementos esenciales de la agricultura.

                Con todo, Alemania padeció desabastecimiento y problemas sanitarios serios. Sus autoridades estimaron en 763.000 el número de civiles fallecidos por ello. La mala cosecha de la patata del invierno de 1916-17 empeoró la situación. Se llegó a elaborar en Colonia con remolacha azucarera una bebida dulce que todavía se sirve. Las autoridades alemanas responsabilizaron al bloqueo de tales carencias y en ciudades como Hamburgo no estallaron durante la guerra insurrecciones populares.

                Algunos estudiosos han culpado del desabastecimiento también a las tasas del precio de los cereales. Los campesinos preferirían alimentar a su ganado con sus excedentes en lugar de venderlos con muy discretos beneficios. El control del ganado conduciría al sacrificio de muchos animales para consumo cárnico, con la subsiguiente disminución de estiércol para la agricultura. Se ha considerado que esta política también estuvo dictada por los intereses de los grandes propietarios de la vieja Prusia, muy favorables al proteccionismo antes de la guerra.

                Significativamente, el bloqueo también se volvería contra la economía británica. Con el aumento de las exportaciones se notó la falta de mano de obra cualificada, especialmente tras la imposición del servicio militar obligatorio en 1916, y sus salarios comenzaron a subir. La subida de salarios ocasionó más de un problema social.

                Se ha valorado que hasta 1918, con los Estados Unidos ya en completa actividad en la Gran Guerra, el bloqueo no se impuso completamente. Los alemanes intentaron servirse de sus conquistas en Europa Oriental para mitigarlo. Lo cierto es que el propio bloqueo, como la misma guerra, había demostrado el comportamiento suicida de una Europa cada vez más integrada en lo económico, social y cultural, que siguió el camino del enfrentamiento imperialista en lugar del de la cooperación.

                Bibliografía. 

                Chickering, R., Imperial Germany and the Great War, 1914-1918, Cambridge, 2004.

                Stone, N., Breve historia de la primera guerra mundial, Barcelona, 2008.

               

 

 

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